¡Yo quiero ser de madera!

Me ha contado Pepe Grillo

que Pinocho se lamenta

desde el día que ha dejado

de ser niño de madera.

Jugó el viernes un partido

de fútbol en la azotea:

era justo al mediodía

y él estaba sin remera.

¿Se imaginan qué desastre?

¡Ni siquiera una visera!

Se quedó  todo ampollado

como raba en la aceitera.

Encima la muy taimada

de una abeja traicionera

lo picó justo debajo

de una oreja y se creyera

todo el mundo que Pinocho

¡pobre! andaba con paperas… Sigue leyendo