La lista

Hay días que son soleados
incluso cuando no hay sol
(se sienten tan calentitos
adentro del corazón).

Me pasa cuando salimos
con mi familia a pasear
y también si alguna amiga
me invita a merendar.
Cuando la escuela organiza
un finde de campamento,
o hay clase especial de Ciencias
y hacemos experimentos.

Los días de cumpleaños,
el cuento antes de dormir,
la piyamada entre primos
y las clases de violín.
Los chistes que me dan risa,
las tardes con mis abuelos
las fiestas, las vacaciones
el postre y los caramelos.

Son tantas las cosas lindas,
hay tanto por qué reír
Te animo a seguir la lista
¿qué cosas te hacen feliz?

Un momento después

El miedo es ese momento exacto
mínimo
chiquito
que sentís en la panza cuando la seño
dice tu nombre
y vos
tenés que pasar al pizarrón
y afrontar esos ojos
tantos ojos
de tantos compañeros
que te miran fijo.

El miedo es ese momento exacto
mínimo
chiquito
que sentís en la panza
justo antes de patear
el penal
ese penal que puede
dar vuelta el campeonato.  

Pero hay un momento más,
poco después,
cuando tragás saliva y respirás profundo
y avanzás, por fin, al pizarrón
y sin pensar,
pateás la pelota
y sentís en la panza como un calor
que va subiendo,
mayúsculo
descomunal.
Ese es el momento exacto
de la valentía.

Ganador

Algunos dicen que existe
y algunos dicen que no,
pues huellas dejó a montones
Pero ver… ¡nadie lo vio!

Se tienen pocas certezas:
es grande, descomunal,
peludo como los monos
y blanco como un glaciar.

Anda flojo de papeles
respecto a su identidad:
lo llaman Yeti y Pie grande,
según la necesidad.

Abominable, le dicen
pero eso ya es prejuzgar
porque si nadie lo ha visto
¿qué se ponen a opinar?

Si vive en el Himalaya,
en Nebraska o Canadá
en Australia o en el Tíbet
¡nunca nadie lo sabrá!

Lo que puede confirmarse
sin nadie que contradiga,
es que es el gran ganador
cuando juega a la escondida.

Varitas de todo tipo

Circula por Muy lejano
un vendedor de varitas.
Ofrece de todo tipo,
variadas y muy bonitas.

Los leñadores las piden
casi siempre de madera:
funcionan bien en el bosque,
son fuertes y duraderas.

Un hada muy conocida
se la llevó de cristal:
la usó para hacer zapatos
y fue un éxito mundial.

Un genio medió gruñón
pidió de vidrio espejado:
combina con su botella
y da buenos resultados.

De plomo se la llevó
un soldadito valiente
(Si la logra levantar
andará perfectamente).

De metal, de plastilina
de plástico o algodón
¡Varitas de todo tipo
y para cada ocasión!

Qué dijo la bailarina

¡Me enamoré a su regreso!
Le digo, ya estoy perdida
No tengo más que mirarlo
y el rostro se me ilumina.

Se lanzó de la ventana,
voló como Supermán
¡Deberían, por lo menos,
ascenderlo a capitán!

¡Navegó como un pirata,
y se enfrentó a un gran ratón!
Mire, apenas lo imagino
se acelera el corazón.

Se lo tragó de un bocado
una gran bestia marina
y ha logrado, a pesar de eso
regresar a la cocina.

Le juro, ese soldadito
así, sin pierna y pequeño
es justo lo que yo quiero:
¡El juguete de mis sueños!

La excavación

Comenzó la construcción
alguna tarde de enero,
pegaba fuerte el calor
en Santiago del Estero…

Tatú Carreta escarbaba
con afán su madriguera
pues no quería que nadie
de afuera, se le metiera.

Comenzó con una curva
bajó luego en espiral,
avanzó unos metros, recto
subió por la diagonal.

Hizo un túnel imposible
de tantas vueltas que daba,
se cruzaban los pasillos
que subían y bajaban.

Cuando se quiso acordar
el pobre andaba perdido
y aunque metió marcha atrás
no se acordaba el camino.

Buscó la entrada por meses
pero nunca la encontró
así que un día, cansado,
salió por donde salió.

Era agosto y hacía frío,
pasada la medianoche,
Muy lejos llegó Tatú:
¡Apareció en Bariloche!

Amigas

Si Emma tira la pelota
Croqueta corre a buscarla
Mientras juegan, y a su modo
también parece que charlan.

Si Emma come una manzana
Croqueta espera su turno:
Un trocito cada una
y se acaba en un segundo.

Si Emma está muy asustada
Croqueta se sienta al lado
la busca con el hocico
y el susto queda olvidado.

Si Emma se siente triste
Croqueta lame su cara
de golpe viene la risa
¡y aquí no ha pasado nada!

Si a Emma le agarra sueño
Croqueta se echa también
se duermen tan enredadas
que no se ve quién es quién.

Si Emma la tiene cerca
algo brilla alrededor:
Croqueta llegó a su vida
y el mundo es mucho mejor.

Como perro y gato

La primera vez pelearon
como perro y gato:
Batata ladraba
Guau Guau
Y Akiro, callado,
le mostró las garras.
Zas Zas
Los dos se miraban
fijamente
como midiendo
quién mandaba.

¿Quién mandaba?
A veces, Akiro
Miau Miau
andaba como si
la habitación
fuera un palacio
y él un gato emperador.

Pero otras veces, Batata
se rebelaba
se daba cuenta de su tamaño
de la fuerza
de sus patas
y avanzaba
Tap Tap
Y Akiro el gato emperador
se iba volviendo
pequeño
pequeñito
mínimo
minino.
(Y se escapaba)

Pero un día descubrieron
juntos
sin saber
sin querer
que se querían.
Batata movió la cola
Plas Plas
y Akiro dejó salir
Su Ron Ron
y así como si nada
como quien dice
ya es tiempo y ya era hora
empezaron a entenderse y a jugar
como perro y gato.

Amanece en la selva

El puma estira sus patas
con calma, se despereza
y tras dos tímidos pasos
por fin la carrera empieza.

Las alas del guacamayo
como si fueran crayones
van dibujando en el cielo
su vuelo de tres colores.

Hay una línea en la tierra,
un paso que se adivina:
Es la temible anaconda
que abandonó su guarida.

De rama en rama va el mono
con la cola se sujeta.
Su salto es muy divertido,
avanza dando piruetas.

Lo mira sin detenerse
un coatí muy curioso
que va trepando deprisa
a un ritmo vertiginoso.

El yacaré muy despacio
se va arrastrando a la orilla
su movimiento es tan lento
que al río le hace cosquillas.

Toma distancia asustado
pobrecito, el surubí
que moviendo sus aletas
muy pronto sale de ahí.

Y así entre pelos y plumas
con colas, patas y aletas
ya con el sol en lo alto,
la selva entera despierta.

Había una y otra vez

Había una vez un retoño
apenas una ramita,
que fue creciendo despacio
y con paciencia infinita.

El tronco se hizo muy grueso,
fueron subiendo las ramas,
las nubes se convirtieron
en vecinitas cercanas.

Un día brotaron flores
amarillas, perfumadas
que endulzaron todo el barrio
con su fragancia dorada.

Y empezó a haber visitantes:
un colibrí, un cardenal,
abejas que se llevaban
el néctar a su panal.

Los niños se entretenían
intentándolo escalar:
subían y se caían
y volvían a empezar.

Bajo su sombra hubo tanto,
que no se puede contar:
besos secretos, promesas,
recuerdos que quedarán.

Un día así, de improviso,
alguna flor se soltó
las semillitas volaron
donde el viento las llevó.

Y colorín colorado,
el cuento vuelve a empezar:
Ya se adivina un retoño
que pronto va a germinar.