
Me gusta desear porque el deseo
me mantiene inquieta,
alerta para no perder la oportunidad.
Pero a veces, es cierto,
desear tiene sus riesgos
Porque somos una parte diminuta
del enorme universo
y no podemos saber si este camino
es mejor que aquel
¿O no se habrá sentido afortunado
el pasajero del Titanic?
¿María Antonieta, al ocupar
el trono francés?
¡Ah, si conociéramos
el plan del universo,
desear con garantías
y avanzar sin caer!
Podríamos desear conocer el plan del universo… ¿Pero no sería la vida entonces un tanto aburrida? Preciosa reflexión en forma de caligrama 🙂
Cierto, Pannonique. Gracias por tu cálido comentario y por darte una vuelta por aquí.