La bella escultora

Natasha llegó al palacio en medio de una tormenta de nieve. Caminó unos pasos por el sendero principal pero el graznido de unos gansos la entretuvo:
─Buscan el calor de la cocina ─le explicó el ama de llaves, señalando el humo de la chimenea que daba a esa parte del jardín.
Hacía tanto frío que, aun dentro del palacio, Natasha se dejó el echarpe. Los doce sirvientes que allí estaban sólo pudieron ver sus enormes ojos, bellos y cristalinos, asomando por encima de aquel montón de lana. Sigue leyendo

Reina tras bambalinas

Jacinta la vio llegar secundada por quinientas carrozas. El sirviente abrió la portezuela del coche. Y el pequeño pie de Isabella asomó vestido en seda de Pekín. Un destello salió de la hebilla de zafiros y las dos suspiraron a un tiempo: una por lo incómodo de aquel zapato, la otra porque nunca había visto de cerca una piedra así. Sigue leyendo

Cenizas en el bosque

De todas las hadas del fuego, Melián había sido la única en inquietarse por el entusiasmo de Liwen, que siempre le insistía a su padre:
─¡Déjame encender la pira! ¿En qué puedo equivocarme? Sigue leyendo

Paseo por la Patagonia

(POEMA PARA SER CANTADO CON LA MÚSICA DE SEMINARE, DE SERÚ GIRÁN)

Quiero ver
y encontrar
ya que estoy en este lugar
maravilloso…
Más aquí, más allá
quiero ver algún animal
frente a mis ojos…
No una vaca, un caballo, no
Quiero algo mucho mejor:
quiero ver
y encontrar
todos esos animales
que no hay allá
Uh…En esa ciudad
donde vivo yo.

¿Cuándo se
va a cruzar
por la ruta y me va a mirar
fijo a los ojos…?
Más aquí, más allá
algún ciervo voy a encontrar
y sacar fotos…
Un ñandú, una mara o más:
algún cóndor querrá volar
sobre mí
para mí
Y tal vez tenga la suerte
de encontrar
Uh…Un hada que esté
buscándome a mí.

Y tal vez tenga la suerte
de encontrar
Uh…Un hada que esté
buscándome a mí.

Renata y su sombra

─¿Regamos las plantas? ─le dice mamá,y Renata corre por su regadera.

Pero entonces nota que alguien va detrás: si ella corre, avanza. Si está quieta, espera.

“Una nueva amiga” piensa y vuelve atrás. Y la nueva amiga se vuelve con ella.

Estira la mano, la quiere tocar. Pero más se acerca, la otra más se aleja.

Con su regadera la quiere mojar. Renata se asusta: ¡tiene otra cabeza!

Corre apresurada sin mirar atrás, y con la manguera casi se tropieza.

─¡Ahora yo! ─ enseguida pide a su mamá. Riega las baldosas, riega las macetas.

Y la ve a su amiga justo por detrás ¡con una serpiente que se le atraviesa!

─¡Quiero entrar!—le dice pronto a su mamá. Y también le pide ya su mamadera.

Se queda dormida y empieza a soñar con la nueva amiga que se quedó afuera.

Coartada

Para que no se enteren de que me he marchado dejé a la vista el papel doblado en cuatro. Mabel querida, que verás los números malditos y el nombre de la que, imaginarás, congeló nuestro tálamo. «¿Aló?», dirá la secretaria del Coronel y el mundo se esfumará para ti. Dormirás a los niños y fingirás que esta noche trabajo en el Ministerio, sin escuchar a la prensa clandestina que ya hablará del secuestro de Evita.

Yo llegaré a Milán , ensimismado. Escucharé la misa in memoriam. Marcaré los números malditos: «Está hecho, Coronel».

Mabel querida, que no sospecharás que, viudo, atravesé los mares para arrancar un tumor de nuestra patria.

El día que el mar se enfureció

¡Qué habría sido de los niños si Yanka, el hada más piadosa del océano, no hubiera llegado a tiempo aquel día!

 El mar estaba calmo. Los remos que Puku movía con destreza ante los ojos admirados de Usuri parecían grandes patas de tortuga braceando al ritmo de la marea; hasta que detuvieron la canoa para pescar. Sigue leyendo

¿A qué tanto ruido?

Brum bram brum se ha enojado el trueno

 y el cielo se ha puesto su negro sombrero

 Brum bram brum lloran las estrellas

 la luna, asustada, se apena con ellas

 Un grillo se asoma: “Escuche, Don trueno

 Cri, cri, me pregunto si su canto ameno

cri cri se escuchara más bajo y sereno

 cri cri yo podría dormirme de nuevo».

La luna prisionera

En el inicio de los tiempos no había luna, ni tampoco estrellas. Por las noches, atemorizado por la oscuridad, Anku cerraba los ojos y se concentraba para escuchar el único ruido que reconocía, el de la cascada. Por eso le gustaba la primavera, porque entonces la nieve acumulada en la cima comenzaba a deshacerse y a bajar en forma de agua, entre las grietas de la montaña. Sigue leyendo

Un nuevo aroma en la tierra

Hace muchos, muchos años, cuando los hombres convivían sin pensar quién era dueño de qué tierra porque la tierra era del mundo y no del hombre, el hada Millaray se dejó ver por Lemunko, el hijo menor del cacique. Sigue leyendo