Limerick

 

 

La impostora ya está bajo la lupa

La tiene el detective, don Chalupa

Es una libélula famosa

de oruga se disfraza, la tramposa.

Y él le increpa, sabihondo: ¡no me engrupa!

 

 

 

 

Limerick

 

En un diario sensasionalista

publicó la noticia un periodista:

tiene el hombre invisible

un amor imposible

¡Ella ni siquiera lo registra!

Los pumas grises (leyenda aymara)

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En otros tiempos no había más que un valle en donde ahora se extiende el lago. Era Wiñay Marka, un lugar sin odio ni preocupaciones, donde los hombres vivían siempre felices y en paz.

Así lo había dispuesto Apu Qullana Awki, cuando creó el mundo. Les había dicho a los hombres que no pelearan, que no desearan nunca aquello que no tenían y cuidaran, en cambio, los ricos tesoros que estaban a su alcance: la tierra, los cultivos, el cielo transparente, los frondosos árboles y los animales que llenaban de color y ruido el precioso valle.

Pero Awqa se interpuso. Su maléfico espíritu tomó la voz del viento para tentar a los hombres y confundirlos:

─¿Por qué conformarse con tan poco? Si Wiñay Marka fuera tan bueno, Apu también viviría aquí.

Y los hombres le preguntaron a Apu dónde vivía. Y él les contestó que en una de las montañas más grandes del Altiplano, pero que nunca debían subir allí.

─¿No ven? ─volvió a la carga Awqa─ Si ustedes suben a la montaña pueden quitarle su poder. Y dominarán el cielo y la tierra, el aire, el viento y a todas las criaturas que habitan el universo.

Y tanto les insistió, y tanto escucharon los hombres el rumor del viento que les decía: «¡Rebélense! ¡Tomen ustedes su poder y suban a la montaña!», que Wiñay Marka dejó de ser un lugar sin odio ni preocupaciones donde ya los hombres no pudieron vivir felices y, mucho menos, en paz.

Y así, llenos de rencor, subieron; dispuestos a atacar a quien alguna vez había creado, para ellos, el universo.

Y mientras Awqa se regocijaba,  Apu Qullana Awki se llenó de pena. Y también de enojo. De tanto enojo que no tuvo piedad.

Y así vieron los hombres que subían, primero las garras afiladas. Las mandíbulas salvajes, tan hambrientas, que ya no pudieron ver después nada más. Eran unos pumas enormes, grises. Eran unos pumas capaces de arrancarles el corazón de un zarpazo. De pintar con sangre el valle de Wiñay Marka, que en otro tiempo había sido un terruño feliz.

Casi todos murieron. Los pumas parecían no saciarse jamás. Y fue tal la masacre que el Tata Inti lloró. Y el llanto se escurrió entre sus rayos y llegó a la tierra. Durante cuarenta días y cuarenta noches las lágrimas del sol limpiaron la sangre de los hombres. Tantas fueron que el valle comenzó a inundarse. Tantas que los pumas grises quedaron bajo el agua, ahogados.

Y uno de los pocos hombres que quedaban dijo: qaqa titinakawa, que significa en lengua aymara  “ahí están los pumas grises”. Y tantas veces se contó esta historia, y tantas veces se repitió qaqa titinakawa que el sonido fue cambiando…Qaqa titinaka… titinaka qaqa.. Titicaca.

Y así es como encontró su nombre el lago.

El misterio de la gruta (leyenda aymara)

 

De camino a Guañacagua hay una gruta que está llena de sapos. Tienen los ojos tristes y el canto asustado. Y aunque nunca están quietos,  una cadena invisible parece sujetarlos a un pozo de agua dulce que está cerca de allí.

Aunque nadie sabe por qué, los varones no se acercan al pozo. Son, en cambio, las mujeres las que buscan agua y evitan ver los ojos de los sapos que, presos de la gruta, las miran fijamente como pidiendo socorro. Tristes, muy tristes miran esos ojos a todas las mujeres que se acercan al pozo.

Hay quien dice que aquellos no son sapos. Que hace mucho tiempo, cuando todavía era posible hablar con las estrellas, a la vera de la gruta vivía todo un pueblo.  Un pueblo con sus cultivos y sus rebaños; sus viviendas de adobe y sus preciosos patios. Un pueblo que el buen Waira acunaba con sus vientos cálidos y la Pachamama abrazaba como a hijos propios.

Cuentan también que eso fue antes de que un agua cristalina bajara por la vertiente de la montaña. Fue antes de que se estancara en el pozo maldito que antecede a la gruta. Por qué ha bajado el agua, nadie sabe. Tal vez los habitantes de aquel pueblo ofendieron a los dioses: ni las estrellas quisieron explicarles la razón del castigo.

Porque fue un castigo, aquel pozo. Un castigo que se fue llevando, uno a uno, a los varones más jóvenes del pueblo. Que dejó a los ancianos y a las mujeres solas, lamentando la pérdida de esposos, amantes, amigos, hijos valerosos.  Un castigo que derrumbó aquel pueblo antiguo, del que ya no queda siquiera un recuerdo de su sombra. Sigue leyendo

Mi tweet por la identidad

Y a quién le importa

Qué bien que lo contás, Fontanarrosa.

Qué bien que lo contás, Fontanarrosa.

La visita que llegó sin avisar

La charla postergada

íntima, profunda

y esperada

espontánea y por eso

también inesperada

No el monólogo de aquel

que se mira al espejo

y habla de su ombligo

Digo yo, decís vos

y las voces se enredan

atendiendo a la pausa

que marca la cebada. Sigue leyendo

¡Qué bella trama, Tatú! (leyenda aymara)

 

            Pachamama contempla a sus criaturas. Siempre. Y lo mismo pasó aquella vez, tan importante para Tatú y para Zorro.

La fiesta era en luna llena. Todos en el Altiplano se preparaban para ir: los flamencos acicalaban sus plumas. La vicuña se cepillaba el pelo. El surí estiraba su cuello, para verse elegante. Los cóndores –fiu, fiu- practicaban su vuelo para dar un espectáculo esa noche, que habría luz.

─¡Hasta el lago estará bello! ─pensaba (¡pobre, Tatú!) que había visto qué bien le quedaba, al Titicaca, el resplandor de la luna.

Y Pachamama lo escuchó lamentarse por no tener plumas, ni pelo, ni cuello, ni alas que le permitieran lucirse en ningún vuelo, ni siquiera una piel que resplandeciera, como el agua, en noches de luna llena.

Pachamama jamás se entromete, pero sabe iluminar la mirada de sus criaturas. Y le hizo ver, entonces, una araña pequeñita a la entrada de su cueva. Iban y venían las patitas con rapidez, al ritmo de la disciplina, y una trama invisible se reveló a trasluz. ¡Una trama tan bella! Con hilos que parecían del agua del rocío. Tan resistentes, tan frágiles: a la vez.

─¡Me tejeré un manto! ─dijo Tatú, y la araña pequeña  se convirtió en maestra. Sigue leyendo

Y así empezó

 

─¡Vendo, vendo! ─grita Simbad─ ¡Vendo mi suerte para la aventura!

Está parado sobre un barril, en medio de Bagdad. La gente empieza a acercarse, curiosa.

─¡Vendo! ─grita Simbad─ ¡Vendo mi presencia y le aseguro un naufragio!

Todos empiezan a murmurar:

─¿Quién ese este insensato?

─¿Vende un naufragio, dice?

─¡Está loco de remate!

─¡Vendo, vendo! ─sigue insistiendo Simbad─ ¡Vendo mi mala suerte, de primera mano!

─¿Pero qué dice, hombre? ─lo interrumpe uno ─¿Para qué querríamos su mala suerte, a ver?

─Para viajar en un pájaro gigante. Y hacer equilibrio sobre una ballena. Y aventurarse en un barco pirata. Y conocer al temible anciano del mar ¿sabe que existe el anciano del mar? ¡De verdad: yo mismo fui su esclavo!

La gente empieza a hacer fila: Simbad, sin saberlo, acababa de inaugurar la primera agencia de “turismo aventura” que conoció el mundo, mucho antes de que empezaran a practicarse los deportes extremos.

 

 

 

 

Cambio de roles

mummy

 Centro de Estudios Mentales y Atención Psicológica

(CEMyAP)

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Informe médico y diagnóstico

 

Ref.: Pac. Amenhotep III

Ubic: Museo egipcio de El Cairo (sala Imperio Antiguo, Planta Baja)

Edad: 5300 años (aprox.)    

 

Antecedentes:

Ante el pedido de las autoridades del Museo, se procede a revisar al paciente que presenta los siguientes síntomas: temblores, hiperventilación, pulso acelerado y mareos; lo cual resulta verdaderamente llamativo teniendo en cuenta que el paciente no tiene órganos vitales: su corazón, su hígado, sus pulmones, sus intestinos fueron disecados hace miles de años, cuando su cuerpo se embalsamó.

Una vez retiradas las tiras de lino que  lo sujetaban, el paciente manifestó (sí, manifestó: ¡también habla!) sentirse moderadamente mejor.

Examen físico:

Se procedió a la revisación clínica general y se llegó a la siguiente conclusión: aunque muerto, al paciente se lo ve muy sano. Aun cuando al principio su marcha fue inestable, con el paso de las horas fue recuperando el equilibrio. Asimismo, su respiración comenzó a regularse  y los temblores cedieron. El paciente manifestó haber sentido “miedo, mucho miedo a morir asfixiado”. Para completar el diagnóstico, se solicitaron los siguientes exámenes de rutina: análisis completo de sangre y orina, electrocardiograma, radiografía de torax, tomografía axial computarizada (TAC). Sigue leyendo