El misterio de la gruta (leyenda aymara)

 

De camino a Guañacagua hay una gruta que está llena de sapos. Tienen los ojos tristes y el canto asustado. Y aunque nunca están quietos,  una cadena invisible parece sujetarlos a un pozo de agua dulce que está cerca de allí.

Aunque nadie sabe por qué, los varones no se acercan al pozo. Son, en cambio, las mujeres las que buscan agua y evitan ver los ojos de los sapos que, presos de la gruta, las miran fijamente como pidiendo socorro. Tristes, muy tristes miran esos ojos a todas las mujeres que se acercan al pozo.

Hay quien dice que aquellos no son sapos. Que hace mucho tiempo, cuando todavía era posible hablar con las estrellas, a la vera de la gruta vivía todo un pueblo.  Un pueblo con sus cultivos y sus rebaños; sus viviendas de adobe y sus preciosos patios. Un pueblo que el buen Waira acunaba con sus vientos cálidos y la Pachamama abrazaba como a hijos propios.

Cuentan también que eso fue antes de que un agua cristalina bajara por la vertiente de la montaña. Fue antes de que se estancara en el pozo maldito que antecede a la gruta. Por qué ha bajado el agua, nadie sabe. Tal vez los habitantes de aquel pueblo ofendieron a los dioses: ni las estrellas quisieron explicarles la razón del castigo.

Porque fue un castigo, aquel pozo. Un castigo que se fue llevando, uno a uno, a los varones más jóvenes del pueblo. Que dejó a los ancianos y a las mujeres solas, lamentando la pérdida de esposos, amantes, amigos, hijos valerosos.  Un castigo que derrumbó aquel pueblo antiguo, del que ya no queda siquiera un recuerdo de su sombra. Sigue leyendo

Mi tweet por la identidad

Y a quién le importa

Qué bien que lo contás, Fontanarrosa.

Qué bien que lo contás, Fontanarrosa.

La visita que llegó sin avisar

La charla postergada

íntima, profunda

y esperada

espontánea y por eso

también inesperada

No el monólogo de aquel

que se mira al espejo

y habla de su ombligo

Digo yo, decís vos

y las voces se enredan

atendiendo a la pausa

que marca la cebada. Sigue leyendo

¡Qué bella trama, Tatú! (leyenda aymara)

 

            Pachamama contempla a sus criaturas. Siempre. Y lo mismo pasó aquella vez, tan importante para Tatú y para Zorro.

La fiesta era en luna llena. Todos en el Altiplano se preparaban para ir: los flamencos acicalaban sus plumas. La vicuña se cepillaba el pelo. El surí estiraba su cuello, para verse elegante. Los cóndores –fiu, fiu- practicaban su vuelo para dar un espectáculo esa noche, que habría luz.

─¡Hasta el lago estará bello! ─pensaba (¡pobre, Tatú!) que había visto qué bien le quedaba, al Titicaca, el resplandor de la luna.

Y Pachamama lo escuchó lamentarse por no tener plumas, ni pelo, ni cuello, ni alas que le permitieran lucirse en ningún vuelo, ni siquiera una piel que resplandeciera, como el agua, en noches de luna llena.

Pachamama jamás se entromete, pero sabe iluminar la mirada de sus criaturas. Y le hizo ver, entonces, una araña pequeñita a la entrada de su cueva. Iban y venían las patitas con rapidez, al ritmo de la disciplina, y una trama invisible se reveló a trasluz. ¡Una trama tan bella! Con hilos que parecían del agua del rocío. Tan resistentes, tan frágiles: a la vez.

─¡Me tejeré un manto! ─dijo Tatú, y la araña pequeña  se convirtió en maestra. Sigue leyendo

Y así empezó

 

─¡Vendo, vendo! ─grita Simbad─ ¡Vendo mi suerte para la aventura!

Está parado sobre un barril, en medio de Bagdad. La gente empieza a acercarse, curiosa.

─¡Vendo! ─grita Simbad─ ¡Vendo mi presencia y le aseguro un naufragio!

Todos empiezan a murmurar:

─¿Quién ese este insensato?

─¿Vende un naufragio, dice?

─¡Está loco de remate!

─¡Vendo, vendo! ─sigue insistiendo Simbad─ ¡Vendo mi mala suerte, de primera mano!

─¿Pero qué dice, hombre? ─lo interrumpe uno ─¿Para qué querríamos su mala suerte, a ver?

─Para viajar en un pájaro gigante. Y hacer equilibrio sobre una ballena. Y aventurarse en un barco pirata. Y conocer al temible anciano del mar ¿sabe que existe el anciano del mar? ¡De verdad: yo mismo fui su esclavo!

La gente empieza a hacer fila: Simbad, sin saberlo, acababa de inaugurar la primera agencia de “turismo aventura” que conoció el mundo, mucho antes de que empezaran a practicarse los deportes extremos.

 

 

 

 

Cambio de roles

mummy

 Centro de Estudios Mentales y Atención Psicológica

(CEMyAP)

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Informe médico y diagnóstico

 

Ref.: Pac. Amenhotep III

Ubic: Museo egipcio de El Cairo (sala Imperio Antiguo, Planta Baja)

Edad: 5300 años (aprox.)    

 

Antecedentes:

Ante el pedido de las autoridades del Museo, se procede a revisar al paciente que presenta los siguientes síntomas: temblores, hiperventilación, pulso acelerado y mareos; lo cual resulta verdaderamente llamativo teniendo en cuenta que el paciente no tiene órganos vitales: su corazón, su hígado, sus pulmones, sus intestinos fueron disecados hace miles de años, cuando su cuerpo se embalsamó.

Una vez retiradas las tiras de lino que  lo sujetaban, el paciente manifestó (sí, manifestó: ¡también habla!) sentirse moderadamente mejor.

Examen físico:

Se procedió a la revisación clínica general y se llegó a la siguiente conclusión: aunque muerto, al paciente se lo ve muy sano. Aun cuando al principio su marcha fue inestable, con el paso de las horas fue recuperando el equilibrio. Asimismo, su respiración comenzó a regularse  y los temblores cedieron. El paciente manifestó haber sentido “miedo, mucho miedo a morir asfixiado”. Para completar el diagnóstico, se solicitaron los siguientes exámenes de rutina: análisis completo de sangre y orina, electrocardiograma, radiografía de torax, tomografía axial computarizada (TAC). Sigue leyendo

Detrás de los anteojos

 

Miércoles 25 de septiembre

Daily planet, Metrópolis

Señor director:

Le llamará la atención que yo, siendo reportero de Daily Planet, haya decidido escribir esta carta pública. Lo que pasa es que usted siempre me manda a cubrir alguna noticia sobre Superman, y yo tengo la impresión de que en estos casos  la gente se queda en la superficie del asunto ¿me entiende? No presta demasiada atención al cronista porque, claro, qué puede importar el cronista si el magnífico Superman consiguió parar un tren antes de que cayera por el precipicio. O arregló un dique que estuvo a punto de dejar anegada la ciudad. O nos salvó de una invasión alienígena.

Este muchacho es increíble, es cierto. Con el flequillito cayéndole sobre la frente y esos pectorales impresionantes, que Jimmy sabe capturar tan bien en sus fotos. Hasta en aquella que fue portada ¿se acuerda? El superhombre estaba sosteniendo un edificio de 83 pisos, pero igual tenía la ceja así medio levantada, y esa sonrisa de costado que tanto les gusta a las mujeres de nuestra ciudad. Estaba como si no tuviera quién sabe cuántas toneladas sobre su espalda ¿me entiende?

Y no crea que me molesta todo esto, no. Si yo contra Superman no tengo nada; al contrario. Lo que me molesta es que la misma gente que lo idolatra, ni siquiera lo mire bien. Porque yo ahora le digo todo esto, y le hablo del flequillito y de la ceja y de su media sonrisa, y seguro todo el mundo me da la razón.  No habrá ningún lector de esta carta que se atreva a decir lo contrario pero… ¿lo conocen? Quiero decir, ¿lo conocen en serio, más allá de su traje? ¿si anduviera vestido, digamos, con camisa y corbata? ¿si tuviera un trabajo ordinario como el mío? ¿si usara anteojos como yo? Sigue leyendo

Cambio de idea

6 de mayo:

Me enamoré. Se viste raro como todos los humanos pero me encantan sus rulos. Sobre todo cuando el viento los embarulla. Ligia dice que tiene ojos saltones, pero es mentira. Apenas puedo respirar de lo lindo que es.

7 de mayo:

Ligia no entiende qué le veo. Dice que es narigón. Eso es porque ella se cree todas las historias que cuentan sobre los humanos: que son temerarios, impiadosos, crueles y asesinos. Para mí, nada que ver: ¡los humanos son lindos! Y más si tienen rulos.

8 de mayo:

Se lo pasa leyendo. Sentado ahí, en la escollera. Me di cuenta porque de repente largó una carcajada.  Y al rato, frunció el ceño, preocupado. Sin dejar de mirar hacia abajo, enderezó la espalda. Cerró el puño. Se mordió los labios. Suspiró. Hizo un ruido raro con los dientes y enseguida después enarcó las cejas como si adentro del libro hubiera visto un tiburón tigre o algo así.

─Es obvio que está leyendo ─le dije a Ligia.

Y también le dije que deberíamos tener libros en el mar.

─¡Los libros se deshacen con el agua, tonta! ¡Vamos, si papá nos ve acá nos mata a las dos!

Ni pude despedirme de sus rulos, mi hermana me hundió con ella en la profundidad.  Sigue leyendo

Desde el Museo Vampirológico Nacional

 

Título: Crepúsculo

Autora: Stephenie Meyer

Género: mitológico

Formato: digital[1]

Este antiquísimo ejemplar llegó a la Biblioteca del Museo hace muy pocos años ─no más de ciento veinte o ciento treinta─ a raíz de una exitosa expedición realizada por nuestro equipo de investigación a un área de interés arqueológico y cultural: las ruinas  de Connecticut[2], que antaño formara parte de una esplendorosa nación (los Estados Unidos de América) perteneciente al ya desaparecido continente americano.

Dicha ciudad es uno de los pocos espacios que han podido ser explorados después del Tercer Hundimiento Universal ocurrido en el siglo XXVI, que acabara con la existencia de tantas especies animales y vegetales, y nos dejara innumerables dudas sobre nuestro pasado.

En estas ruinas se han encontrado interesantísimas reliquias que nos permiten reconstruir la vida de nuestros antecesores. Una de ellas, hallada en un pequeño dispositivo de almacenamiento[3] que utiliza la ─ya hace tiempo en desuso─ memoria flash para guardar información, es esta interesante historia de Stephenie Meyer que nos permite reconstruir la forma de vida de los vampiros en la antigüedad. Sigue leyendo