Mejor el campo

Versión libre de una fábula de Félix María Samaniego.

Hubo hace mucho tiempo dos ratones amigos
Uno de la ciudad y el otro campesino.
“Ya tienes que conocer las luces y el asfalto”,
dijo el de la ciudad y el otro dejó el campo.
Es cierto, fue muy duro el viaje y la distancia
pero valió la pena ¡Todo era abundancia!
Pues en las despensas y grandes cocinas
vio ricos jamones,  quesos y sardinas.
“¡Esto es un banquete!” gritó emocionado
mientras devoraba choclos y pescados
Y el otro, orgulloso, dijo “¡Qué alegría!
¿Qué tal si te quedas por toda la vida?”
Pero en ese instante los vio un cocinero
y afiló un cuchillo enorme de acero.
Corren los amigos, chocan, desesperan
tiemblan, se sacuden, dudan, titubean.
Y aunque al fin escapan, ¡Oh, qué cerca estuvo!
el de la campiña no se queda mudo:
“Cierto que en mi casa no se come tanto,
pero hay menos riesgos ¡Yo me vuelvo al campo!”.

 

Para mí que no

Genaro dice que es mago
pero yo sé que exagera.
No basta tener varita,
moñito, capa y galera.

Intentó que el gato hablara
en un idioma extranjero
pero solo consiguió
que maullara con esmero.

También quiso convertir
un garbanzo en una gema
pero justo germinó
¡No sirvió ni para cena!

Cuando quiso que su hermana
sin más, desapareciera
no pudo más que encerrarla
para que nadie la viera.

¡A que su juego de magia
está vencido o fallado!
Si no, que alguno me explique
cómo nada ha funcionado.

Esa maestra

esa maestra

Si al explicarme
que el sustantivo es un nombre
que tenemos un gobierno federal
y que el número primo tiene dos divisores,
vos ves que me disperso
que me pongo a dibujar
o me quedo mirando
el cielo inmeso…
No me sueltes.
Salvame.
Dejame ser.
Confiá.
Tal vez soy dibujante
o astronauta
y la escuela me aleja
de lo que soy capaz.
Marcá la diferencia
Abrime la ventana
Sé justo esa maestra
que no voy a olvidar.

¡Libre soy!

Como la reina de Arendelle, me siento libre. Ya vencido el plazo que estipulaba el contrato, y otra vez con los derechos exclusivos en mi poder, me doy el gusto de compartir un libro que me dio muchas satisfacciones y que volvería a publicar solo por el nudo en la panza que sentí cuando me citaron a hacer la corrección de galeras. Ese día supe con total certeza cuál iba a ser mi camino: escribir no era un pasatiempo, era mi elección de vida. Después de Pequeña Aldea, me animé a mandar mis textos a otras editoriales. Y fue cuando empecé a publicar «de verdad».

La manzana de Blancanieves pasa en, este emotivo acto, a ser un libro «descatalogado». Y de algún modo no sé por qué (¿será el gusto de la libertad?) yo me siento feliz. Será porque decidí que, al menos así como está, no volvería a publicarlo. O porque no está mal cambiar los escenarios. Alguna vez tuvo su vidriera (¡Sí, en la Boutique del Libro de Unicenter!) y ahora me gustaría que circule libremente por la web. Sin autorizaciones y sin contratos, mientras no haya fines de lucro (aclaro). Y si los hubiera, mándenme un mensaje privado. Que todo en esta vida se soluciona hablando.

 

Brujas

DNILufrente

Culpables, maltratadas

horribles y malvadas,

temidas, señaladas,

juzgadas, torturadas,

Inmensas, peligrosas

Letales, poderosas

Traidoras, seductoras

Crueles, mentirosas

Expertas curadoras

Tan sabias, tan lectoras

Tenaces, resistentes

Osadas y valientes

Tan solas, tan aisladas

Tan libres, tan odiadas

¿Diabólicas o santas?

¿Malditas? ¿Visionarias?

¿Piadosas o Inclementes?

Mujeres diferentes.

Desengaño amoroso

El pobre gallo ha intentado
conquistar a la gallina.
Le cantó con su guitarra
una milonga argentina.

Bailó también un merengue,
una lambada y un tango.
Probó con el reguetón,
y unos pasos de malambo.

Pero ella no lo registra
ni cuando canta boleros.
Es que suspira por otro:
¡el pájaro carpintero!

Un restorán en la ruta

cosecha
Si reconocés la imagen, escribime (¡quisiera citar la fuente!)

Un perro lleno de rulos
y un burro muy aburrido
hallaron un restorán
de ruta en su recorrido.

—Yo quiero ensalada rusa,
y un barril con mandarinas.
—Yo rúcula con arroz
y manzana correntina.

El mozo los miró raro,
les dijo: —¡Es un disparate!
Aquí solo repartimos
turrón, romero y tomate.

Despedida

Peter Pan y Campanita vuelan:
van con alas invisibles
desafiando al viento, ¡libres!
y unas nubes, boquiabiertas
deliberan si son globos, aves
ovnis o avionetas…

Yo voy volando con ellos
Aquí bien alto ¿me observan?
¿no ven allí, que a lo lejos
un fiero barco navega?
Aquel de allá, ese que lleva
una espantosa bandera
que en el mar, como en espejo
dibuja una calavera.

Lleva ese barco a montones
bombas, piratas, cañones.
Y entonces Garfio dispone
y el viejo Smee nos increpa:
─¡Venid aquí a la cubierta
que entre indios y sirenas
libraremos la batalla más cruenta!

No hagamos caso ¡volemos!
que ya está cerca la tierra
donde gobiernan los sueños
porque no hay más pobladores
que varios niños pequeños.

Ninguna duda me altera.
No habrá temor que me pierda:
creo en las hadas, los duendes
los niños que nunca crecen,
los magos, las hechiceras.

Quiero volar ya muy alto
adonde vayan mis sueños
Sin preocuparme del tiempo
del porvenir, del sustento
de la gente que me diga
“¡Peter Pan es puro cuento!”
Nada me importa, ¡yo creo!
Vale la pena el intento.

Voy a pelear contra el viento
enfrente de los cañones
de los piratas gruñones
de aquel que diga “está loca
sólo son puras visiones”.

Porque este libro es ejemplo
de que es posible volar.
¿O alguno podrá negarme
que hay algo de magia en esto?
Yo lo soñé, así, enrimado
lleno de cuentos alados
Y mientras vos vas leyendo
seguro yo estoy pensando
¿Qué niño estará leyendo
los versos que yo he soñado?

Y aunque ignoro muchas cosas
de este mundo complicado
Campanita me ha confiado
una innegable verdad:
Para alcanzar nuestros sueños
¡hay que animarse a soñar!

 

¡Ábrete, Sésamo! (por favor)

Alí Baba se encontraba
justo parado en la entrada
del prodigioso escondite
cuando un estruendo escuchó.
¡Cómo olvidar el berrinche,
el escándalo, el bochinche
que Ali Baba provocara
cuando su pie se quedó
prisionero de la trampa
de esa puerta milenaria
que, aunque nadie lo ordenara,
de repente se cerró!
¡De la angustia se quedara
sin memoria ni palabras!
Le salió un “abracadabra”
¡Pobre hombre!, no sirvió.
¿Cómo diablos se llamaba
la semilla esa que estaba
en la fórmula famosa?
¿No me cuentan, por favor?
¿era lino, mijo, soja?,
¿un garbanzo u otra cosa?
¡Más finito que una hoja
el pobre pie le quedó!

El campeonato

Sí, señor, yo he presenciado
su bochornosa actuación,
me ubiqué en primera fila.
¡Qué terrible papelón!
Cierta ventaja tenía
la Sirenita en el mar
(o eso pensamos nosotros)
¿por qué si no iba a apostar?
Miré a los tres contrincantes:
un pequeñuelo esquimal,
un regordote elefante
y un vejestorio caimán…
Calculamos diez brazadas
¡no mucho más hasta allá!
No, con su cola brillante
toda escamada, además…
Era imposible, pensamos,
que otro pudiera ganar
el magistral campeonato
de natación estatal.
Pero ya ve, yo he perdido
medio penique ¡qué mal!
por apostar ciegamente
que la primera en llegar
al entablado del muelle
sería la niña del mar.
Le digo yo, no es sensato
en una joven confiar.
Por más sirena que sea,
por más que sepa nadar.
Adolescente y tontuela
¿era imperioso parar
para mirar al muchacho
que por allí fue a pasar?
Y, mire usted, vaya y pase
que le pudiera ganar
ese reptil vejestorio
o el pequeñuelo esquimal…
¡Pero no diga, mi amigo,
que el elefante quedara
en tercer puesto y la chica
¡en el último lugar!