La mamá de Olivia va a buscarla a danzas y se entera entonces que habrá festival.
─¿No tendrás vergüenza? ¡Habrá mucha gente!
─¡No, mamita! Quiero…¡Yo quiero bailar!
Olivia se mira los pies encantada. Da un paso adelante y otro más después.
─¡Bailan bien, me gustan! ─grita entusiasmada. La mama sonríe y Olivia también.
Olivia levanta los brazos bien alto: se tocan los dedos, la cabeza atrás. Y aún así sentada, quieta en la bañera, va ensayando Olivia para el festival.
Mientras la mamá cose lentejuelas, Olivia da un salto: la cabeza en alto, muy juntos los pies.
─¿Me viste , mamita? ─pregunta y da un giro; a un lado y al otro. Una y otra vez.
─¿Ya llamaste a todos?—le pregunta Olivia, mientras por el aire revolea un pie. La mamá le cuenta que irán los vecinos, los primos, los tíos y la abuela Inés.
Cuando ya está lista se mira al espejo, da un salto en el aire y se vuelve a ver:
─¡Seré bailarina! ─se dice contenta. Gira despacito, en puntas de pie.
La sala está llena. Triqui- triqui- triqui le hace el corazón.
─¡Es su turno, niñas! ─dice la maestra y Olivia en la panza siente un moscardón.
Mientras todas bailan, Olivia se queda quieta y asustada por tanta atención.
Su mamá la aplaude muy emocionada: ¡sabe qué bien baila detrás del telón!

Excelente!!!! Pensé en los festivalesde tu infancia…. con trajes con lentejuelas…y volvi muchos años atrás con el teatro lleno… con las abuelas y madrina entre el público…que lindo bailabas…ma
esta lindo el cuento
muy bonito
Gracias por tu comentario, Ilse. Y por pasar por aquí;-)