Yo conozco ese sueñito
es sin duda el más travieso
tú te esfuerzas por llamarlo
y el muy malo se te va
-¿Y si cierro los ojitos,
mami, alcanza para verlo?
-¡Mejor llama al angelito,
que lo traiga para acá!
Yo conozco ese sueñito
es sin duda el más travieso
tú te esfuerzas por llamarlo
y el muy malo se te va
-¿Y si cierro los ojitos,
mami, alcanza para verlo?
-¡Mejor llama al angelito,
que lo traiga para acá!
Claudio clava clavos y Clotilde aclama: “Claudio, ¿clavas clavos o desclavas?”
Trinidad, traviesa, trepa en ese tren. Triqui, triqui, traca. Traca, treque, tru ¡Traigan tres tranvías, que trepe también!
Simón y Sophie vivieron antaño
en los agitados suelos de París;
ella era Señora de un noble hacendado
ahora empobrecido, mísero, infeliz
por haber perdido su heredad ostentando
más de lo que el fuero pudo permitir. Sigue leyendo
Una nueva mujer pronto comenzaba a asomarse. Y claro, se dice tan fácil. Como si una pudiera dar el portazo de una vez por todas, me gustaría verle la cara a éste si pido una docena de empanadas en la esquina. Solo eso. Una docena de empanadas y soy una mujer nueva, nuevita, nuevita. Otra persona. Que si las cocinan demasiado o tienen poca cebolla o le dan acidez y una no tiene ningún derecho a decir no tengo ganas, que no te cocino porque me harté de vos y de tus cosas y se me dio la gana llamar y llamé. Y sí, que fue con la plata que me diste para la tintorería y qué si me quise gastar el vuelto en una docenita, ¿a qué tanto escándalo? que ni un par de medias me compro para mí y me importan tres carajos tu acidez y la mar en coche, que para mí las empanadas compradas están más que bien porque no dan trabajo y un día de vacación es un día de vacación y yo me lo gano bien atendiendote de sol a sol como si fueses crío…
– ¿Qué hacés leyendo bobadas, vieja, y qué comemos?
– Ná… una novelita tonta que me hace pasar el rato ¡con un final más zonzo encima! Estaba pensando en hacer unas empanaditas ¿te parece bien, querido?
La abuela de Owen, Nain[1], siempre me había parecido rara. No solo porque hablara en chino (o, bueno, ese otro idioma que tampoco se entiende nada) sino también por ese parecido espeluznante que tenía a la bruja de Blancanieves, un parecido que todos en la escuela ─menos Owen, por supuesto─ encontrábamos. Sigue leyendo
A la abuela Cata, que me regaló esta historia
Todas las cosas buenas llegan primero a Buenos Aires. Como el daguerrotipo. Cuando la tía Lola mandó el primero por carta en la víspera de 1922, dos años antes de que el tren del rey viniera a Castellanos, papá largó una carcajada de esas que larga cuando se pone nervioso: Sigue leyendo
Neculqueo se acercó a la cama de Fray Bernardo y le besó la frente. El fraile, consumido por la fiebre, apenas entreabrió los ojos y tardó unos instantes en reconocer al muchacho más rebelde de la tribu.
─¡Viniste! Podré morirme en paz, hijo ─le dijo en un susurro, carraspeando.
El chico abrió las ventanas del convento de par en par, aunque le habían ordenado no tocar nada. Sigue leyendo
Aunque calle tú ya sabes
cuánto guarda el corazón
de tu esencia que inmutable
va mudando su labor
Antaño te supuse fugitivo
del mundo prodigioso de las hadas.
Tu mano no blandiera fina espada,
sorteando encantamientos y peligros… Sigue leyendo
A veces su mamá la exasperaba, Feli sabía en el fondo que no tenía malas intenciones y que obraba de buen corazón, pero era más fuerte que ella, casi la divertía estar siempre a la defensiva, haciendo algún comentario punzante o dándole un golpe bajo ¡su mamá era tan pesada! Ama de casa. Ella nunca se conformaría con ser ama de casa, nunca, no. Sigue leyendo