
Por qué escribo









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He llegado a saber que Simbad el Marino vivió tantas aventuras en sus siete viajes, que el mismísimo califa Harún Al-Rachid se las hizo escribir a sus cronistas para que nadie olvidara aquellos veintisiete años de peligros y andanzas. Cuentan que no siempre fue un aventurero y la primera vez que se embarcó no imaginaba que aquella travesía iba a dar un giro tan completo a su vida: porque nunca más pudo quedarse mucho tiempo en Bagdad sin que el mar lo llamara.
Era Simbad un joven como cualquier otro: un poco irresponsable y tarambana, que solo pensaba en el presente y nada más. Por eso, al morir su padre (quien le había dejado una considerable fortuna) no hizo más que malgastar todo y cuanto tenía en fiestas que duraban muchos días y banquetes que nadie llegaba a disfrutar.
—Algún día se acabará el dinero de tu padre —una vez le dijo su buen amigo Mubarak.
—¡Pues ese día empezaré a trabajar! —le contestó Simbad, despreocupado, sin saber que efectivamente ese día iba a llegar.
Cuando esto ocurrió, vendió todos los muebles que había en su propiedad (lo único que le quedaba) y compró mercancías en el zoco para embarcarse y poder venderlas por las ciudades del mundo. Así, junto a otros comerciantes como él, navegó por el río Basora durante muchos días y muchas noches hasta salir al mar. Sigue leyendo

Soñás con este paraíso
Tirarte panza arriba
Descansar
No hacer otra cosa que escuchar
la voz del mar
en la orilla
Pero estás solo.
Nadie sabe de vos.
Nadie te oye.
Y tu sueño dorado
va cambiando
su color,
Va volviéndose de a poco
pesadilla.

En el acuario soy
inofensivo
Pero ay si me encontraras en el mar
Ay si siento amenazado el territorio
Ay si me obligaras a atacar.
Soy implacable
peligroso
Tan cruel y brutal
Como vos mismo serías
defendiendo a tu familia
tu hogar y tu libertad.