Un nuevo aroma en la tierra

Hace muchos, muchos años, cuando los hombres convivían sin pensar quién era dueño de qué tierra porque la tierra era del mundo y no del hombre, el hada Millaray se dejó ver por Lemunko, el hijo menor del cacique. Sigue leyendo

Amigo en colores

La navidad de Juanito Laguna, 1961

La navidad de Juanito Laguna, 1961

Antes de que ocurriera aquel hecho inusitado, la vida de Alejandro solía ser terriblemente aburrida. No porque le faltaran juguetes, los tenía de a miles. Y tampoco porque le sobrara demasiado el tiempo: además de los cursos de siempre (inglés, natación, esgrima, volley, básquet, piano y computación), a su madre se le había ocurrido la genial idea de anotarlo en la misma escuela de arte adonde ella concurría tres veces por semana ¡Qué fastidio! Así era imposible para Alejandro estrenar los miles y miles de juguetes que se apilaban en los cinco canastos, semana a semana. Mucho menos podía pensar en invitar a un amigo, pues en la Saint Patrick School todos los niños estaban tan ocupados como él. Sigue leyendo

La Morrigan

La abuela de Owen, Nain[1], siempre me había parecido rara. No solo porque hablara en chino (o, bueno, ese otro idioma que tampoco se entiende nada) sino también por ese parecido espeluznante que tenía a la bruja de Blancanieves, un parecido que todos en la escuela ─menos Owen, por supuesto─ encontrábamos. Sigue leyendo

El tren del rey

A la abuela Cata, que me regaló esta historia

Todas las cosas buenas llegan primero a Buenos Aires. Como el daguerrotipo. Cuando la tía Lola mandó el primero por carta en la víspera de 1922, dos años antes de que el tren del rey viniera a Castellanos,  papá largó una carcajada de esas que larga cuando se pone nervioso: Sigue leyendo

Gracias a Mafalda

Mafalda corría, todavía rengueando de la pata derecha delantera, detrás de la ambulancia. De la ambulancia adonde habían subido a su dueña. La dueña que la había adoptado hacía tantos años, cuando la vio en la calle desamparada, flacuchenta y sarnosa. Sigue leyendo

La bruja Serena

A Serena, para que nunca se pinche su burbuja

            Serena era bruja pero no sabía ¿Cómo iba a saberlo? En su casa no había  libros de hechizos, ni gatos, ni lechuzas, ni sapos, y al principio ni siquiera escobas. Escobas de brujas, se entiende, que no son las mismas que se venden en el supermercado y se usan para barrer. Sigue leyendo