
Muy contenta con la nueva edición de El gigante de Balvanera y otras leyendas urbanas, ahora con «sellito» de su doble galardón: Destacado de Alija en 2015 y Favorito de los lectores en 2018.
Más info en la web de la editorial

Muy contenta con la nueva edición de El gigante de Balvanera y otras leyendas urbanas, ahora con «sellito» de su doble galardón: Destacado de Alija en 2015 y Favorito de los lectores en 2018.
Más info en la web de la editorial

En el refugio del barrio
hay un perro muy viejito
que ladra cuentos variados
a todos los cachorritos.
Hoy ladró uno de aventuras
sobre una pequeña rata
que rescataba a su prima
de una banda de piratas
También un cuento de amor
de una foca y un pingüino
que adoptaban tres delfines
tras un viaje submarino.
El de terror asustaba:
En lo profundo de un río
a un pato lo visitaba
el fantasma de su tío.
Y el mejor, de detectives
de una familia de iguanas
que investigaban el crimen
de una de sus hermanas.
Y así los tuvo extasiados
A los cachorros, atentos
Yo sospecho que este perro
Es abuelo cuentacuentos.

Mi tío abuelo es muy alto.
Mi abuelo Quique, gritón.
La tía Estela es coqueta
y mi papá muy pintón.
Mi hermano Renzo es un genio
tocando la batería.
Pero cantando es un queso
(en eso es mejor mi prima).
De mi madrastra, me gustan
sus budines de limón
Y de su hija, los cuentos
que me lee en camisón.
De mi mamá no me acuerdo.
Pero adoro la sonrisa
que repite en cada foto
de esas que hay en la repisa.
Mi abuela dice que todos
son una parte de mí:
Los que están, los que se fueron
y los que faltan venir.
Lo importante es que te quieran
Y que vos quieras también.
Es eso tener familia
¡Y no importa quién es quién!


Dominga saca agua clara
del gran aljibe del patio,
el niño Alfonso patea
una pelota de trapo.
Su hermano Luis juega solo
con un enorme balero.
con soldaditos de plomo
se entretienen los gemelos.
Antonio eleva contento
un precioso barrilete
lo ayuda con esa hazaña
el mayor, de diecisiete.
De la ventana, los mira
La más pequeña, Beatriz
Que acuna a su muñequita
De cáscara de maíz.
Cuando a la tarde los siete
Juegan a la rayuela
Dominga les sirve un poco
De arroz con leche y canela.
“Dominga, ¿cómo va el locro?”
pregunta Doña Manuela
La negra dice: “Ya casi,
prontito estará la cena”.
Se va sintiendo el festejo:
La patria entera celebra.
Un señorito se abraza
con otro que vende velas.
Dominga encendió faroles
Temprano puso la mesa
y los cubiertos de plata
y la vajilla francesa.
Los invitados, vestidos
de tan distintas maneras:
se ven trenzas y peinetas
se ven ponchos y galeras.
Resuenan vals y cielitos,
pericones y minués.
Y cuando escucha el candombe,
Dominga mueve los pies.
“¡Negrita, ya somos libres!”,
le dice el niño Joaquín.
Y ella pregunta, bajito:
“¿Y cuándo me toca a mí?”
Acabo de recibir mis ejemplares, lo que quiere decir que mis Versos de había una vez ya están circulando por ahí. Es una reedición (ampliada y mejorada, creo) de uno de mis primeros y más queridos libros. Esta vez, editado pro Tinta Fresca y con las ilus perfectísimas de Paola De Gaudio.
Más info, en la editorial.

En alguna biblioteca
(así circuló el rumor)
se juntaron de improviso
las tildes del español.
Primero hicieron terapia:
“¡Todo el mundo nos olvida!”
Después dijeron: “¡Ya basta,
tomemos una medida!”
Así decretaron paro
por un tiempo indefinido
dejaron de trabajar
¡y comenzaron los líos!
Las playas de Mar de Ajó
se volvieron Mar de Ajo
¡Pobres peces, inocentes!
¡Qué mal aliento les trajo!
Un papá que conversaba
sentado en el comedor
se convirtió en una papa
y casi fue guarnición.
Y la abuela que una tarde
barrió toda la terraza
después tuvo que aguantar
un barrio sobre su casa.
Y hubo más, dicen que un chico
con la sábana jugó
A ver, piensen un poquito:
¿se imaginan qué pasó?

Como otros superhéroes, Megaplás encontró su destino de pura suerte. Podría decirse que fue un error de laboratorio. O del aula de Primer Grado, porque ahí nació. Su creador, el ingenioso niño Wally, le dio vida un 22 de mayo poco después de las 9:52 de la mañana, cuando sonó el timbre del recreo.
–Pongan sus creaciones sobre la maqueta –les había dicho la señorita–. Las exhibiremos en el patio durante toda la semana.
¡Encima eso! Como si ya no hubiera sufrido bastante con la actividad, Wally tendría que aguantar también la humillación de que su torpeza con la plastilina quedara a la vista de todo el colegio.
Le había tocado la de color rosa. Así que su primer intento fue hacer un cerdito. No le salió. Después probó con una flor: tampoco. Un flamenco, un globo, un helado. No, no y no. ¡Era un soquete con la plastilina! Para colmo, de tanto manosearla, el color se fue mudando a un gris rosado bastante asqueroso. Y la figura final terminó siendo una pelota medio cuadrada con tres orejas extrañísimas.
Cuando sonó el timbre, todos (menos Wally) salieron disparados del aula y una corriente de aire puso a volar los papeles del escritorio. La maestra protestó:
–Siempre lo mismo, se vuelan a cada rato. Y ese chiflete que entra por la ventana no ayuda.
Mientras la seño juntaba, Wally se acercó a la maqueta. Miró el delfín de Juani, la ranita de Ema, el camión de Efraín. ¡Estaban todos buenísimos! Y eso lo hacía sentir peor.
–¿El tuyo es un alien, Wally? –preguntó la seño, adivinándole la tristeza.
Él miró su extraña criatura gris rosada y no supo qué contestar al principio. Entonces se cayó un dibujo de la cartelera.
–¡Ay! –volvió a quejarse la mujer –. Este corcho ya no da para más, ni las chinches aguantan.
Y fue en ese minuto exacto cuando nació Megaplás. Wally arrancó una de sus orejas gris rosadas, la presionó contra el corcho y adiós, problema: la chinche se volvió a pinchar.
Otra oreja fue directo a la ventana. Hizo un choricito y así tapó el chiflete que se colaba por el vidrio.
–No es un ningún alien, señorita –Wally contestó por fin a la pregunta que antes se había quedado sin respuesta–. Se llama Megaplás, y es un superhéroe.
El niño volvió a moldear su criatura. Añadió más plastilina y aparecieron dos nuevas orejas. Sonrió satisfecho. Era una hermosa creación.
– Será el guardián del aula –prometió la maestra–. Y vivirá justo encima de esta pila de papeles, para sujetarlos.
Megaplás se acomodó en su nuevo hogar. A Wally le pareció que sonreía.
Yo no quiero ser ese
que te sigue en las redes
y opina sobre tu cuerpo,
tus gustos, tu identidad.
Yo no quiero ser alguien
que te pide que cambies,
y recorta y anula
tu propia voluntad.
Ni quiero que mi risa
te apague la sonrisa,
te rompa, te derribe
te parta a la mitad.
En cambio, quiero verte
oírte, conocerte
abrazar diferencias,
aceptar tu verdad.
Porque yo quiero un mundo
un poquito más justo
que no ponga fronteras
ni avance para atrás.
Que no imponga batallas
(¡Ni siquiera en pantallas!)
que nos nieguen la suerte
de vivir la amistad.