Peligro mayor

Ilustración de Mar Villar ( http:// mar-villar.blogspot.com)..

             Dos o tres gaviotas sobrevolando. Ni una nube en el cielo. El agua traslúcida, a babor. El agua traslúcida, a estribor. Ni una brisa que amenace la paz del barco. Las velas, firmes. Los mástiles, lustrados. La bandera (negra, brillante, aterradora), un poco alicaída, es verdad, pero ya flameará.

             Él es Gervasio Casibravo, el más intrépido de los corsarios. El dueño del océano y del mundo (¡y más!): a nada teme; nunca descansa. Solo de vez en cuando para soñar con la princesa Agustina, la que algún día ─seguro─ le dará bolilla. 

            Y ahora se dispone a otear el horizonte para hallar nueva presa. O por lo menos para pasar el rato en esta tarde aburrida. Agarra el catalejo, se sube al mirador y espera.  

            Una aleta circula alrededor del barco. Primero lentamente. Moderadamente aprisa después, para prepararlo. El capitán se lame los labios: el peligro acecha.  Entonces el mar, por fin, entra en escena. Plof, sobre la popa y él salta desde el mirador para salvar la pólvora de los cañones. Plof, sobre la proa. Y corre, veloz, a sujetar la vela que acaba de caerse en el océano.

            Pero da un mal paso. Siente la sal del mar metiéndose por sus poros y el cálido aliento del tiburón que abre su mandíbula para devorarlo. Y el capitán (¡Oh, valiente capitán!) fiero corsario, audaz y temerario, levanta su espada contra la marea, dispuesto a luchar hasta el final, en nombre de su preciosa Agustina.

             ─¡Qué raro vos navegando! ─le dice la maestra─ ¡Te faltan por lo menos diez palabras, Gervasio!

            Él mira su cuaderno y la lista prolijamente anotada: gaviotas- nube- brisa- bandera- pólvora- tiburón. La señorita vuelve a dictarle, resignada, todas las palabras que le faltan. Y Gervasio anota. Con la letra redondita y clara, sin perderse esta vez.   

           El fiero capitán Gervasio Casibravo, el más intrépido de los corsarios, audaz y temerario, ha olvidado por completo al tiburón para enfrentarse a un peligro más urgente. Si no aprueba el dictado, definitivamente la preciosa Agustina (que lo mira desde el tercer banco) jamás le dará bolilla.

¡Y nació!

La manzana de Blancanieves (y otros cuentos enrimados) llegó justito para la Feria del libro, va a estar en el stand 424 (pabellón azul). Acá abajo les dejo el número 18, con la correspondiente ilustración de Perica. ¡Ojalá les guste!

18. El genio malhumorado

¿Cómo creen que alguien puede

con tremenda contractura?

¿O es que ustedes han dormido

con mis diez metros de altura

dentro de una botellita

y doblados de cintura?

¡Y después no me comprenden

cuando estoy de mal humor!

¡Hay que estar aquí encerrado

por dos siglos con calor,

encogido y transpirado,

sin ningún ventilador!

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Prefacio que no saldrá en el libro de Pequeña Aldea

Este era el prefacio que inicialmente abriría el libro La manzana de Blancanives y otros cuentos enrimados, que está saliendo del horno en estos días…Por esa cosa nostálgica que me da a veces con los textos que se quedan a mitad de camino (probablemente no lo valgan, y por eso se quedan a mitad de camino) decidí publicarlo aquí y de paso contarles en qué ando. La imagen es de Silvia Jacoboni, Perica, que fue quien ilustró maravillosamente las 86 páginas del libro:

─Dime cuál, espejito

es la historia más bella.

¿No es verdad que la rima

que mi letra refleja?

─Mis perdones, Alteza

mas disiento de usted:

No es su pluma la dueña

de estos lindos poemas… Sigue leyendo