Gira la rueda

Casi cayendo del mapa,
bien en el sur argentino
en un invierno muy blanco
nació un pichón de pingüino.

Entre las patas del padre,
para esconderse del frío,
se hace un bollito y se ubica
como si fuera su nido.

Los dos esperan, pacientes,
La llegada de mamá
que fue a buscar provisiones
a lo profundo del mar.

Y ay, qué feliz gimotea
cuando la ve regresar.
Celebran los tres contentos
el reencuentro familiar.

Comparten pequeños peces,
arenques y calamar,
y ya más fuerte el polluelo
quiere salir a explorar.

Primero da dos pasitos
y hasta se anima a bailar.
Patina también de panza
y pronto nada en el mar

Se va volviendo más grande,
más fuerte, más decidido.
Sus plumas ya lo protegen
con sus dos capas de abrigo.

Y un día, sin esperarlo
encuentra una compañera
y el ciclo vuelve a empezar
y gira otra vez la rueda.

Mejor el campo

Versión libre de una fábula de Félix María Samaniego.

Hubo hace mucho tiempo dos ratones amigos
Uno de la ciudad y el otro campesino.
“Ya tienes que conocer las luces y el asfalto”,
dijo el de la ciudad y el otro dejó el campo.
Es cierto, fue muy duro el viaje y la distancia
pero valió la pena ¡Todo era abundancia!
Pues en las despensas y grandes cocinas
vio ricos jamones,  quesos y sardinas.
“¡Esto es un banquete!” gritó emocionado
mientras devoraba choclos y pescados
Y el otro, orgulloso, dijo “¡Qué alegría!
¿Qué tal si te quedas por toda la vida?”
Pero en ese instante los vio un cocinero
y afiló un cuchillo enorme de acero.
Corren los amigos, chocan, desesperan
tiemblan, se sacuden, dudan, titubean.
Y aunque al fin escapan, ¡Oh, qué cerca estuvo!
el de la campiña no se queda mudo:
“Cierto que en mi casa no se come tanto,
pero hay menos riesgos ¡Yo me vuelvo al campo!”.

 

Tiempos modernos

 

Me contaron que el flautista

a Hamelín ha regresado

y otra vez el rey tirano

sin la paga lo ha dejado.

 

Avisado el soberano

del poder del instrumento,

le ha confiscado la flauta

para evitar el intento

de hipnotizar a los niños

con el sonido del viento.

Pero el flautista, ingenioso,

usó un remedio moderno:

 

Todos los niños del reino

siguieron sin distracción

como zombies, y atontados

la encantadora atracción

que el flautista les mostrara

sin ninguna compasión.

 

Fue así como en este cuento

los chicos todos se fueron

embobados y  contentos

¡detrás de un televisor!

Simón y Sophie (terza rima)

Simón y Sophie vivieron antaño

en los agitados suelos de París;

ella era Señora de un noble hacendado

 ahora empobrecido, mísero, infeliz

por haber perdido su heredad ostentando

más de lo que el fuero pudo permitir. Sigue leyendo