¡Qué habría sido de los niños si Yanka, el hada más piadosa del océano, no hubiera llegado a tiempo aquel día!
El mar estaba calmo. Los remos que Puku movía con destreza ante los ojos admirados de Usuri parecían grandes patas de tortuga braceando al ritmo de la marea; hasta que detuvieron la canoa para pescar. Sigue leyendo
