Para que no se enteren de que me he marchado dejé a la vista el papel doblado en cuatro. Mabel querida, que verás los números malditos y el nombre de la que, imaginarás, congeló nuestro tálamo. «¿Aló?», dirá la secretaria del Coronel y el mundo se esfumará para ti. Dormirás a los niños y fingirás que esta noche trabajo en el Ministerio, sin escuchar a la prensa clandestina que ya hablará del secuestro de Evita.
Yo llegaré a Milán , ensimismado. Escucharé la misa in memoriam. Marcaré los números malditos: «Está hecho, Coronel».
Mabel querida, que no sospecharás que, viudo, atravesé los mares para arrancar un tumor de nuestra patria.