(ADAPTACIÓN DEL CUENTO DE LOS HERMANOS GRIMM)
Érase una vez un rey muy orgulloso que un día escuchó el presagio de una adivina: unos pobres campesinos acababan de tener un niño que en catorce años se casaría con su hija la princesa. Sin dudarlo, el cruel monarca se dirigió a la campiña para engañar a los felices padres y abandonar al pequeño a orillas de un río muy profundo. Y no habría vuelto a pensar en esto si no fuera que, años más tarde, un molinero le dijo:
– Hace catorce años encontramos a este joven al borde del río, y lo criamos como si fuera nuestro hijo. Sigue leyendo