¡Libre soy!

Como la reina de Arendelle, me siento libre. Ya vencido el plazo que estipulaba el contrato, y otra vez con los derechos exclusivos en mi poder, me doy el gusto de compartir un libro que me dio muchas satisfacciones y que volvería a publicar solo por el nudo en la panza que sentí cuando me citaron a hacer la corrección de galeras. Ese día supe con total certeza cuál iba a ser mi camino: escribir no era un pasatiempo, era mi elección de vida. Después de Pequeña Aldea, me animé a mandar mis textos a otras editoriales. Y fue cuando empecé a publicar «de verdad».

La manzana de Blancanieves pasa en, este emotivo acto, a ser un libro «descatalogado». Y de algún modo no sé por qué (¿será el gusto de la libertad?) yo me siento feliz. Será porque decidí que, al menos así como está, no volvería a publicarlo. O porque no está mal cambiar los escenarios. Alguna vez tuvo su vidriera (¡Sí, en la Boutique del Libro de Unicenter!) y ahora me gustaría que circule libremente por la web. Sin autorizaciones y sin contratos, mientras no haya fines de lucro (aclaro). Y si los hubiera, mándenme un mensaje privado. Que todo en esta vida se soluciona hablando.

 

Despedida

Peter Pan y Campanita vuelan:
van con alas invisibles
desafiando al viento, ¡libres!
y unas nubes, boquiabiertas
deliberan si son globos, aves
ovnis o avionetas…

Yo voy volando con ellos
Aquí bien alto ¿me observan?
¿no ven allí, que a lo lejos
un fiero barco navega?
Aquel de allá, ese que lleva
una espantosa bandera
que en el mar, como en espejo
dibuja una calavera.

Lleva ese barco a montones
bombas, piratas, cañones.
Y entonces Garfio dispone
y el viejo Smee nos increpa:
─¡Venid aquí a la cubierta
que entre indios y sirenas
libraremos la batalla más cruenta!

No hagamos caso ¡volemos!
que ya está cerca la tierra
donde gobiernan los sueños
porque no hay más pobladores
que varios niños pequeños.

Ninguna duda me altera.
No habrá temor que me pierda:
creo en las hadas, los duendes
los niños que nunca crecen,
los magos, las hechiceras.

Quiero volar ya muy alto
adonde vayan mis sueños
Sin preocuparme del tiempo
del porvenir, del sustento
de la gente que me diga
“¡Peter Pan es puro cuento!”
Nada me importa, ¡yo creo!
Vale la pena el intento.

Voy a pelear contra el viento
enfrente de los cañones
de los piratas gruñones
de aquel que diga “está loca
sólo son puras visiones”.

Porque este libro es ejemplo
de que es posible volar.
¿O alguno podrá negarme
que hay algo de magia en esto?
Yo lo soñé, así, enrimado
lleno de cuentos alados
Y mientras vos vas leyendo
seguro yo estoy pensando
¿Qué niño estará leyendo
los versos que yo he soñado?

Y aunque ignoro muchas cosas
de este mundo complicado
Campanita me ha confiado
una innegable verdad:
Para alcanzar nuestros sueños
¡hay que animarse a soñar!

 

La manzana de Blancanieves

 

Ya lo ven, por esa bruja

me ha quedado mala fama.

¡Justo a mí, que soy sabrosa,

rica en fibras, linda y sana!

 

¿No podía la ladina

usar una mandarina?

¿una uva, una ciruela,

una banana, una pera?

 

¿Por qué no tomó un limón,

que es una causa perdida?

¿o una fruta abrillantada,

que es un poco de mentira?

 

Ya lo sé: no le quedaban

más frutas en la cocina

¿Pero en el bosque no había

ni una verdulería?

 

 

Otro de pulgarcita

A pesar de que La manzana de Blancanieves y otros cuentos enrimados ya está dando vueltas por ahí en una hermosa edición de Pequeña Aldea, yo sigo jugando con los cuentos tradicionales. Aquí va una nueva versión de Pulgarcita, inédita pero fresquita.
Aprovecho para contarles que el martes 26 y el sábado 30 en el stand 143 de la 21 Feria del libro infantil y juvenil estaré firmando ejemplares (de Guerreros y de la Manzana) a las 15 horas . Como yapa: un ratito antes (a las 14.30) en el mismo stand, la cuentacuentos Verónica Alvarez Rivera  recitará algunos de mis poemas. Ni yo me creo todo esto, ¡exploto de felicidad!

La ilustración es de Perica, del libro de mi autoría LA MANZANA DE BLANCANIEVES (pequeña Aldea)

Había una vez una niña
más pequeña que una nuez
que una noche fue raptada
por un sapo con acné.
Intentó, pues, escaparse
muchas veces (yo lo sé)
pero, pobre, no podía
engañar al bicho aquel.
Menos mal que hubo unos peces
muy veloces, que en tropel
rescataron a la niña
y le dieron de comer
Intentó un pez inocente
darle nueces pero ¿ven?
¡Son más grandes que la niña!
El menú no pudo ser.
Muy veloz, un pez pudiente
le sirvió caviar francés
y comió tanto la niña
¡que engordó como una nuez!