Me contaron que el flautista
a Hamelín ha regresado
y otra vez el rey tirano
sin la paga lo ha dejado.
Avisado el soberano
del poder del instrumento,
le ha confiscado la flauta
para evitar el intento
de hipnotizar a los niños
con el sonido del viento.
Pero el flautista, ingenioso,
usó un remedio moderno:
Todos los niños del reino
siguieron sin distracción
como zombies, y atontados
la encantadora atracción
que el flautista les mostrara
sin ninguna compasión.
Fue así como en este cuento
los chicos todos se fueron
embobados y contentos
¡detrás de un televisor!
