hermano huinca

Neculqueo se acercó a la cama de Fray Bernardo y le besó la frente. El fraile, consumido por la fiebre, apenas entreabrió los ojos y tardó unos instantes en reconocer al muchacho más rebelde de la tribu.

─¡Viniste! Podré morirme en paz, hijo ─le dijo en un susurro, carraspeando.

El chico abrió las ventanas del convento de par en par, aunque le habían ordenado no tocar nada. Sigue leyendo