De todas las hadas del fuego, Melián había sido la única en inquietarse por el entusiasmo de Liwen, que siempre le insistía a su padre:
─¡Déjame encender la pira! ¿En qué puedo equivocarme? Sigue leyendo
De todas las hadas del fuego, Melián había sido la única en inquietarse por el entusiasmo de Liwen, que siempre le insistía a su padre:
─¡Déjame encender la pira! ¿En qué puedo equivocarme? Sigue leyendo