La lámpara más más brillosa

lampara-de-aladino

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Nunca nadie ha detenido
en la madre la atención,
¿no recuerdan cómo ha sido
que aquel genio despertó?
Fue la madre de Aladino,
que aquel día la lustró,
pues pensó que más limpita
le hallaría comprador…
Hete aquí que al repasarla
aquel fiero efrit salió,
se expandió, malhumorado
y la pobre no lo vio…
—Soy tu esclavo ¿qué deseas?
—el gigante preguntó.
Mas la anciana no contesta,
¡está sorda!, digo yo.

y ella sigue refregando
¡y qué lustre que le dio!
No es del susto que cayera
como muerta.
¡No, no, no!
Es que estaba muy cansada
ya de tanto franelear.
Solo quiso hacer la siesta
¡qué se iba a desmayar!