Haikus de familia

abuela
Si está ocupada
no importa, porque igual
juega conmigo

abuelo
Me cuenta historias
de su niñez y quiero
yo ser su amigo

mamá
Superpoderes
para borrar mi enojo
con un abrazo

papá
Superpoderes
para borrar su enojo
con mis abrazos

Hermano
Es un creyente:
me sigue a cualquier mundo
que yo me invente.

Adivina adivinador (para los más chiquitos)

Preguntas-incomodas

I
Por manos tengo dos pinzas
y voy andando hacia atrás
Me gusta el agua y la playa
¿en serio no adivinás?

II
Me llevan a los rodeos
y al hipódromo después
Me hacen jugar al polo
y soy pieza de ajedrez.

III
Soy un bicho largo y chico
Pero así como me ves
preciso muchos zapatos
porque tengo muchos pies.

IV
Si tuviera que tejerme
una bufanda ¡qué arduo!
Pues tendría que medir
10 kilómetros de largo.

V
Se para en cada buzón
y lleva en su gran cartera
a veces malas noticias
a veces noticias buenas

VI
Me gustan las escobas
pero no soy de barrer
Si no adivinás quién soy
¡Te haré desaparecer!

VII
Me visto con muchas capas
que no me quiero quitar
Si lo intentás, te lo advierto:
¡yo puedo hacerte llorar!

 

 

 

 

Haikus

japon

Todo
La tinta encierra
el universo entero
dentro de un haiku.

Infalible
Las luciérnagas
encienden esta noche:
no tengo miedo.

¿Será?
¿Usa el pulgón
en otoño las hojas
de paracaídas?

Deporte extremo
Aventurera,
la hormiga vive al límite
en mi cocina

Un deseo peligroso (versión de una fábula de Esopo)

Cuando cayó el leño en la laguna, todas se asustaron. Desde la rana más valiente hasta la más temerosa. ¡Y no era para menos! El leño había caído con tanta fuerza que el agua se levantó en una ola gigantesca, y todas terminaron empapadas.

—¿Qué fue eso? —preguntó una, asomándose entre los juncos.

—No tengo idea —dijo otra—, pero algo puedo decir: fue extremadamente poderoso.

—No sé… Parece  un leño común y corriente —observó la que estaba más cerca.

—No puede ser —dijo otra —. Lo vi caer del cielo.

—¿Del cielo, segura?

—Como que soy verdísima.

—¡A que es una estrella!

—¡Que va a ser una estrella, si no brilla!

—¿Una nube, tal vez?

—¿Dónde se ha visto una nube marrón?

—¡Entonces tiene que ser un dios!

—¡Un dios! —repitieron todas, emocionadas.

—Tiene sentido: ¡cayó del cielo!

—Y con una fuerza descomunal…

Las ranas se fueron acercando en silencio. La más valiente se animó a tocarlo y todas las demás mantuvieron la respiración, temerosas de que el dios se ofendiera.

Pero el dios no se ofendió. Ni siquiera cambió de posición. Y entonces una se decidió y le saltó encima. Y después  otra. Y otra. Y otra más.

—Es un dios un poco permisivo —observó una de las primeras que había saltado.

—Yo diría que hasta un poco tonto —se animó a decir otra.

—¿Solo un poco? ¡A mí me parece tontísimo! —se rio la más pequeña. Y comenzó a saltar y a saltar y a saltar, solo para molestarlo.

Pero el dios seguía como si nada, flotando tan tranquilo.

—Empujémoslo contra esas rocas —sugirió alguna. Y así fue como lo arrojaron una, dos, tres veces. Y a cada golpe (ploc, ploc, ploc) el pobre leño se iba desarmando a  pedacitos.

—Te digo que este dios me pone un poco nerviosa— dijo por fin la más joven.

—Cierto, ¡mirá que dejarse golpear así!

—Taaaan poderoso no es, al final.

—¡Que va a ser poderoso! ¡Es un dios de porquería!

—Nos merecemos uno mejor —observó la más grandota. Y enseguida propuso una reunión para resolverlo.

¡Hacía tiempo que no gritaban así! Todas hablaban a la vez y saltaban emocionadas. ¡Iban a buscar un dios, pero un dios en serio! Un dios superpoderoso que no se dejara montar tan fácil.  Y que, como mínimo, no tolerara ser desarmado a golpes.

—¡Queremos que nuestro dios tenga carácter!

—¡Que sepa hacerse respetar!

—¡Que deje bien claro quién está al mando!

—¡Un dios al que podamos admirar por su fuerza, su espíritu, su autoridad!

—¡Que sea el amo y señor del territorio!

Y, entonces, como si el universo hubiera escuchado aquella súplica, los juncos comenzaron a moverse.  Unos pasos cortos, pero firmes, fueron abriéndose  camino. Se hizo un silencio entre las ranas. Estaban a segundos de conocer, por fin, a su gran dios.

Y apareció un lagarto.

—¡Pues yo acepto el cargo, señoras mías! —les dijo con voz gravísima— ¡Porque tengo la fuerza, el espíritu y la autoridad!

Y también tenía unos filosísimos dientes, así que a las ranas les quedó súper claro que este era el mismísimo dios que merecían. Y que a veces conviene pensar un poco, antes de andar deseando bobadas.

 

Sueño de loro

En la tienda de mascotas
espera el loro Imanol
y sueña con que lo adopte
algún pirata español.

Repetir: “¡Filibusteros!
¡Queremos piezas de a ocho!”
desde el hombro de su amo
mientras se come un bizcocho.

Ver flameando la bandera
atada al palo mayor
con su blanca calavera
¡Qué magnífica visión!

Buscar una isla desierta
desenterrar un tesoro
vivir muchas aventuras
¡Ser libre, por sobre todo!

¿Dónde está la sirena?

Imagen-22

Ilustración de Pablo Pino para el libro Cambio de idea, que publicamos en coautoría, Riderchail, 2016.

La busqué por todos lados
y no la pude encontrar
Ni siquiera en Villa Gesell
¡Y estuve adentro del mar!

En mi pueblo, que no hay playa
me conformé con buscar
en la fuente de la plaza
que está en la calle central.

No la encontré en la pileta,
que estaba medio vacía.
Tampoco en el bebedero
que pusieron en la esquina

¿En donde se habrá metido
la sirena de mis cuentos?
¿será que vive en la lluvia
y por eso no la encuentro?

El zorro adulador

Adaptación libre de una fábula de Félix María Samaniego.

En la rama de un árbol,orgulloso y contento,
con un queso en el pico estaba el señor Cuervo.
Lo olió un zorro y le dijo, astuto y traicionero:
“Tenga usted buenos días, gran  amigo, don Cuervo
hoy sí que está elegante ¡Qué plumas! ¡Qué portento!
¿Cómo será su voz? ¡Ya cante, se lo ruego!»

Al oír un discurso tan dulce y tan atento
pensó que era verdad y (¡tonto!) cantó el cuervo
Abrió su negro pico, dejó caer el queso
y el zorro lo atrapó (¡tramposo, qué talento!)
Le dijo: “¡Qué sencillo engañarlo, don Cuervo!
Coma usted mis palabras, tomelas de alimento
Disfrútelas tranquilo. Total, me comí el queso”

Aquel que elogia mucho, espera siempre un premio.