Lo que yo quiero

Yo no quiero ser ese
que te sigue en las redes
y opina sobre tu cuerpo,
tus gustos, tu identidad.

Yo no quiero ser alguien
que te pide que cambies,
y recorta y anula
tu propia voluntad.

Ni quiero que mi risa
te apague la sonrisa,
te rompa, te derribe
te parta a la mitad.

En cambio, quiero verte
oírte, conocerte
abrazar diferencias,
aceptar tu verdad.

Porque yo quiero un mundo
un poquito más justo
que no ponga fronteras
ni avance para atrás.

Que no imponga batallas
(¡Ni siquiera en pantallas!)
que nos nieguen la suerte
de vivir la amistad.  

Idea

Cuando recién nos mudamos
mamá plantó la semilla
Yo iba al jardín y mi hermana
me llegaba a la rodilla.

Brotó una tarde de octubre
apenas dos, tres hojitas
Pero mamá hizo un festejo
y cocinó galletitas.

Nos dijo cómo regarlo:
¡No más de una vez al día!
El tallo se puso ancho
(en tronco se convertía)

Un día tuvo mil ramas
y muchas flores chiquitas
«¡Qué blancas y perfumadas!»,
opinaban las visitas.

Y ahora, que ya está grande
y lleno de mandarinas
me invade bajo su sombra
una idea repentina.

La pienso, la saboreo
¡Ay, qué idea más bonita!
¿Si como un gajo ahora mismo
y planto las semillitas?  

¡Aunque sea por un día!

Ilustración de Jon Klassen para el libro PAX

 

En la Oficina de quejas
de personajes de cuentos
El zorro ya ha presentado
reclamos, ¡como quinientos!

El pobre ya está aburrido,
cansado del mismo rol.
Las fábulas van pasando
¡y él repite su actuación!

No es fácil mostrarse astuto,
tramposo y encantador
Si falla, fracasa el cuento
¡Es demasiada presión!

Además ya no soporta
esa agobiante rutina
de siempre engañar a otros
y comerse las gallinas.

Alguna vez él quisiera
tener un papel menor,
ser engañado por otros,
ser un poco del montón.

Y si no, ser otro Zorro
(¡aunque sea por un día!):
y pelear enmascarado
con el Sargento García.

 

 

 

 

 

Hechizo

Mi vecina, doña Carmen,
tiene un álbum familiar
con fotos en blanco y negro
que la invitan a contar…

“Aquí está mi abuelo Anselmo
con mi madre y Josefina,
una prima que al final
nunca vino a la Argentina.

Yo la ubico bien de nombre,
pues es hija de Manuela,
la tía que en esta foto
toca las castañuelas.

Mis tíos Luis y Eliseo
son estos que ves acá,
los dos  están despidiendo
en el puerto, a mi papá”.

A mí me da mucha pena
Cuando se queda mirando
La foto de aquel hermano
que perdió hace muchos años.

Y entonces voy y la abrazo
¡Qué bien funciona mi hechizo!
pues dice, otra vez contenta:
“¡Ay, sos mi nieto postizo!”

 

 

 

 

Uma sopló y sopló

Un día la abuela Olga
a Uma le contó un cuento:
la historia de tres cerditos
y un lobo que hizo el intento.

No pudo con una casa
de ladrillos y cemento
sopló y sopló hasta quedarse
pobrecito, sin aliento.

Y acá no acaba la historia.
Es más: recién empezó,
porque Uma repitió el cuento
y todo se complicó.

Apenas sopló un poquito,
¡toda la cuadra tembló!
Volaron postes, carteles
dos tranqueras y un buzón.

De la cocina volaron
cuatro docenas de platos,
la mesa, todas las sillas
y unos cuantos aparatos.

¡Y pobre, la abuela Olga!
Se le voló el camisón
Es que Uma soplaba fuerte,
tan fuerte como un ciclón.

¿Y la perra del vecino?
Ay, ¿nadie la vio pasar?
¿Habrá volado muy lejos?
¡Mirá si llegó hasta el mar!

Por suerte, la abuela Olga
le dijo: “Basta, ya está,
no soples más o se vuela
toda entera la ciudad!”

Y Uma, que es obediente
dejó por fin de soplar
y colorín colorado,
el cuento se acaba acá.

 

 

 

 

 

Patito a secas

A usted le parece feo
y a mí me parece hermoso
No vamos a discutir:
¡Ninguno es un mentiroso!

Yo prefiero la montaña
y usted muere por el mar,
a mí me gusta estar quieta
y a usted le encanta bailar.

¡Y si fuéramos al cine!
En serio, qué problemón:
Yo miro solo comedias
y usted solamente Acción.

Si hablamos de personajes
¡Ay, qué distintas miradas!
Usted quiere a Blancanieves,
y yo a la bruja malvada.

No diga “patito feo”
¡Se lo pido, por favor!
Digamos patito a secas,
y lo contamos mejor.

 

Objeto Trepador No identificado

Ayer me dieron de vuelto
dos puñados de habichuelas
Primero pensé en ponerlos
adentro de una cazuela.

Pero al final decidí
hacerle caso a  mi abuela
y los puse a germinar
en un frasco de ciruelas.

Brotaron ramas enormes.
Subieron como escalera
¡Y ni te cuento el tamaño
cuando llegué de la escuela!

Traspasaron cielo raso
y hasta el techo de madera
Seguro que ya llegaron
a una galaxia extranjera.

¿Será que allá arriba existen
gigantes y fortalezas,
o extraterrestres que tienen
seis ojos y dos cabezas?

Carta de Bella a Bestia

No son tus manos peludas,
tu cuerpo de mastodonte
tus colmillos puntiagudos
ni tus orejas deformes.

Sos bestia por otras cosas,
que merecen la prisión
No podés ir secuestrando
a la gente ¡Por favor!

Vos sos un tipo instruido,
podés razonar mejor
ningún hechizo te excusa
para actuar como un matón

Está bien: yo te confieso
que un poco me divertí
Y, por dios… ¡Tu biblioteca!
yo fui muy feliz ahí.

Pero aquí mismo termina
cualquier historia de amor.
Si querés, probá con otra
¡pero tratala mejor!

¡Otra que Hamelín!


Sospecho lo que ha pasado
en mi querida ciudad:
el flautista ha hipnotizado
a los niños ¡qué impiedad!

Seguro que el intendente
no le ha querido pagar
por los servicios prestados
y él se ha querido vengar.

Así son los soberanos
de cualquier tiempo y lugar
Siempre pensando en sí mismos
¡Y a reventar, los demás!

Aunque está claro, el flautista
se tuvo que actualizar:
La flauta para este siglo
¡es toda una antigüedad!

Y ahora los pobres niños
como hechizados están:
no hablan, no interactúan
¿y quién los irá a salvar?

¿Qué antídoto poderoso
tendremos que preparar
para lograr que despierten
y suelten su celular?