Julián en el País de las Maravillas

Vio la puertecita dentro de aquel tronco
y en un periquete estaba en el salón,
con la llavecita dentro del cerrojo
sin inconvenientes al jardín salió…
Vio a los jardineros
cómicos pintando
los blancos rosales
de rojo punzó.

No dudó en sacarle
la brocha al más alto
y así de repente
todo lo arruinó.

Y se fue corriendo
pronto para el campo
donde aquel partido
loco se jugó.

Iba muy contento

todo salpicando:
de roja la cancha
pronto se tiñó…

Croquet se jugaba
(o eso se decía)
Los palos, flamencos.
Las pelotas son

erizos cansados
de ser picoteados
por los desplumados
pájaros rosados

que apuntan a un arco
que se desplazó…
Julián no conoce
las reglas y mete
su brocha en el pico
del que se cruzó

Alicia se queda
sin palo y entonces
el pobre flamenco
pelos escupió…

Vio que dormitaba
cerca una pelota

(que era un pobre erizo)
pronto lo pateó
y voló tan lejos
que si fútbol fuera
como cinco goles
seguro metió…
—¿Quién es este niño,
rojo del demonio?
—con gran tiranía
la reina gritó—…

Pero como rojo
fuera todo el mundo
nadie en aquel campo
lo reconoció.

Vio que una sonrisa
de gato volaba
y allá para el cielo
pronto señaló.

Mas como la brocha
iba bien cargada
también el celeste
cielo se pintó…

—¿Quién es este niño?,
—dijo la condesa—
pinta bien ¿no cierto?
—grave señaló.
La reina le ordena
con toda realeza:
—¡Que se calle esa,
que nadie le habló!
—¿cómo va el partido?
—dijo el distraído
rey que todo rojo
nada bien miró.
—¿Pues como demonios
quieres que yo sepa?
Si ese revoltoso
todo lo pintó.
—Que alguien lo detenga
—sentenció la reina—,
corten su cabeza
de una vez, —gritó.
Julián no era zonzo
(cazó la indirecta)
y en un periquete
se volvió al salón.

 

La cacerolita mágica (versión de un cuento popular checo)

Ilustración de María Delia Lozupone (http://delicionesdelius.blogspot.com.ar/)

Dorina vivía con su madre en una región lejana (de esas que no figuran en los mapas), bajo un techo de paja y entre paredes de adobe. Al fondo de su casa había un corral, que estaba siempre alborotado por las gallinas. La niña cada mañana recogía los huevos y atravesaba el bosque para venderlos en una aldea cercana.

Una tarde, cansada ya de andar, se detuvo a mitad de camino bajo la sombra de un árbol. Del bolsillo de su delantal, sacó un trozo de pan duro. Antes de dar el primer mordisco vio, escondida entre las ramas,  a una vieja mujer que la observaba.

Vestía como una vagabunda y era muy delgada. Tenía las manos huesudas, la piel muy fina y el rostro arrugado como un carozo. Dorina le ofreció su pan:

–Puede comerlo, si quiere.

La mujer se acercó y tomó lo que la niña le ofrecía, con las manos temblorosas. Y comió con desesperación. Antes de irse, le dio a Dorina un obsequio: una cacerolita tiznada por el fuego, con las asas gastadas y un poco abollada en el borde superior.

–Cuando llegues a tu casa –le explicó la mujer–, coloca la cacerolita en una superficie firme y, en voz alta, exclama:

Por la bondad de Dorina

cacerolita, cocina.

Que nunca falte en la mesa

 un buen guiso de lentejas.

 La cacerolita, entonces, cocinará para ti. Y solo se detendrá cuando le digas:

Cacerolita, detente

 Que ya hay guiso suficiente Sigue leyendo

Lucas en el mundo del espejo

 

Iba caminando Lucas aquel día

por las asombrosas calles del espejo.

Por allá adelante pudo ver a Alicia

que con Humpty Dumpty muy alegre hablaba.

 

Casi la llamaba Lucas pero en eso

vio justo a un soldado que se le acercaba:

─Voy para la guerra ─dijo en un bostezo─

Chivirín ─decía ─. Ajajá─cantaba…

 

─¿Cómo es que te llamas? ─preguntó al soldado.

─Soy Mambrú, mi amigo ─Chivirín, cantaba

─¿Te vas a la guerra? ─dijo preocupado

─Ajajá ─decía,  mientras se marchaba.

 

Mambrú caminaba muy rápidamente

─Vuelvo para pascuas ─crédulo opinaba.

Lucas tarareaba dentro de su mente

la canción y entonces todo se aclaraba… Sigue leyendo