Capítulo 5: ¡Bienvenido al mundo!

Ilus de Maine Diaz para Letra Impresa
Entonces cayó otro rayo y la Play se desconectó por fin. Quedé completamente a oscuras. Afuera solo se escuchaba al viento. Corrí la cortina, pero apenas se veía a través del agua que caía como una catarata sobre la ventana.
—¡Está lloviendo, tía! —grité.
—¡No me digas! —me contestó ella, con fastidio. Eso me dolió, porque no estaba acostumbrado a que la tía me hablara mal. Así que fui enseguida a la cocina, y me olvidé del zombie.
—¿Te ayudo? —le pregunté. Ella estaba con el secador en la mano, empujando el agua hacia el jardín. Aunque todo estaba en penumbras, vi un montón de ollas desperdigadas por el piso. Se escuchaban goteras por todos lados.
—¡Escurrime el trapo, corazón! —Me volvió el alma al cuerpo. Al final, no estaba tan enojada. Desde el lavadero, le conté de Ojos. Lo que hasta el momento sabía de él:
—… quise que fuera como yo… de terror… y unas zapatillas de básquet como las mías… ¡un zombie! ¿entendés?… Y entonces unas luces… ¿Viste los hologramas que hay en algunos museos?… ¡Y yo ni sabía que en la Play…!
—Habría que llamar a tu mamá. Debe estar preocupada —me interrumpió—. Yo nunca vi una tormenta igual ¿Pero será posible…? Cada vez que se corta la luz también me quedo sin teléfono. Buscá el celular en mi cartera, Bauti.
—No hay señal —le avisé.
—Andá al living. No sé por qué nunca hay señal en la cocina.
En el living estaba más oscuro. Aunque ya era prácticamente de noche, corrí bien la cortina para ver si conseguía un poco más de luz. La tele quedó a mis espaldas, y la verdad no le presté demasiada atención. Ni se me ocurrió mirar para el rincón donde antes había estado el holograma. Casi de memoria tecleé el número de mi casa. Por suerte había señal: estaba llamando. Dos segundos antes de que atendiera mi mamá, escuché bien clarito:
—Aaagh.
Me di vuelta, y todo pasó a la vez: un enorme relámpago iluminó el cielo y (por lo tanto) el living, vi a Ojos por primera vez en carne y hueso (con su mirada blanca, la boca llena de sangre y la cabeza deformada), y mi mamá atendió el teléfono.
—Hola…Hola…Hola —me decía desde el otro lado. Yo dejé caer el aparato al piso. La batería cayó a los pies del zombie.