[Abro paréntesis]
Hace un tiempo compartí por este blog los primeros dos capítulos de ¡Tengo un zombie! (se pueden leer haciendo click aquí) Pues bien, continuaré con los siguientes a razón de uno por semana, en una suerte de novela por entregas versión 2.0. ¡Ojalá puedan seguirla!
[Cierro paréntesis]
Capítulo 3: Un gusto para la tía Leila

Ilus de Maine Diaz para Letra Impresa.
Si no fuera por la tía Leila, jamás hubiera conocido a Ojos.
—Tu problema es que elegís jugadores que no tienen nada que ver con vos. Tenés que aprender a conocerte, Bauti.
La miré como si estuviera loca. ¿Mi problema? ¡Pero si acababa de ganar el partido en la Play! Por supuesto se lo dije, mientras me tomaba el licuado de banana que ella había preparado especialmente con leche de alpiste.
—Justamente —me contestó—. En la Play siempre ganás porque elegís jugadores altísimos, fuertes y veloces. Y entonces, cuando te toca jugar en la vida real, ¡no sabés cómo moverte!
—¡Ay, tía! Si creara un jugador igual a mí, perdería hasta en la Play.
—¿Y si probás? —me dijo.
Volví a mirarla como si estuviera loca.
—Dale, dame el gusto. ¿O yo no te doy todos los gustos a vos?
Y era cierto, la verdad. Mi tía Leila es lo más. Y además ¿a mí qué me costaba? Así que me terminé el licuado de un trago y volví a sentarme frente a la tele. Elegí con el joystick “Nuevo juego” y volví a empezar.
—¡Vas a ver que resulta bien! —me dijo ella, antes de irse para la cocina y dejarme solo en el living.
Pulsé X para cargar el nombre del jugador; pero esta vez no escribí Lebron ni Ginóbili ni Michael Jordan, sino “Bautista Puccini”. Y puse otras verdades, como estas:
Mano buena: zurdo.
Club: Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó
Altura: 150 cm.
Peso: 36 kilos.
Otras cualidades para destacar: Lento, torpe y de terror.
Sí, ya sé. Fui demasiado duro conmigo mismo. Es que entonces todavía no me conocía muy bien. Y en el fondo, gracias a esas horribles cualidades que yo creí que tenía, Ojos llegó a mi vida. Así que de ninguna manera voy a culparme por eso.