Otro problema

La historia es ya conocida:
el joven Simbad llegó
a una isla misteriosa
y ahí nomás desembarcó.

Pero la isla no era
una isla ¡no, señor!
Sino una enorme ballena
que dormida se quedó.

Así en el medio del mar
quedó el lomo a la intemperie,
crecieron plantas arriba
y se hospedaron las liebres.

No fue un error de Simbad,
fue lógica confusión
(aunque yo creo, confieso,
que se oculta otra razón).

Mirá, las plantas no pueden
echar raíz sobre un lomo
¿Y liebres sin madrigueras?
¡A ver, explicame cómo!

Te digo, todo es mentira
y perdóname que insista:
¡Es obvio que ese Simbad
andaba corto de vista!

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