Ulises va al jardín

Ulises tomó la leche y se comió un pan. Se puso la ropa solo, ¡hasta las zapatillas! Pero dejó que su mamá le atara los cordones.
─¡Qué contento estás! ─le dijo su papá, y le sacó una foto.
─¡A verla! ─dijo Ulises. Y el papá le mostró: Ulises sonreía en esa foto, con su guardapolvo y su bolsita azul.
─¡Hola, Ulises! ─lo saludó Inés, la señorita, cuando llegaron al jardín. Pero Ulises no se movió.
─Te vemos en un rato─ le dijo su mamá.
─¡Mirá cuántos amigos! ─sugirió el papá. Ulises miró. Pero no vio a ninguno.
Ulises no parecía el de la foto. Estaba serio, con los ojos brillando de tristeza. Le habían dicho que en el jardín habría un montón de juegos. Y un montón de sorpresas. Y un montón de amigos. Pero Ulises no vio nada de eso. Sólo sus papás yéndose a casa.
─¡Vamos a dibujar! ─dijo Inés, ya en la salita. Ulises tomó un lápiz azul. Dibujó un nene. Estaba serio. Y solo.
─¿Cómo te llamás? ─le dijo una nena de su mesa. Ulises no contestó.
─Yo soy Ana─le contó, divertida, y le dio un lápiz rojo. Ulises no lo agarró.
Ana sacó un caramelo:
─¿Querés? ─le dijo. Ulises se lo comió. Después tomó el lápiz rojo. Le agregó una nena y un caramelo al dibujo.
─¿Hiciste muchos amigos? ─le preguntó su mamá después, cuando lo fue a buscar.
─Una sola─ dijo Ulises ¡Pero pronto tendría muchos más!

Adivinanzas

1
Es un frío visitante
que llega una vez al año
y se queda por tres meses
¡son tres meses de catarro!

2
Tiene piezas y no es casa
y aunque, dicen, rompe algo
si jugamos a este juego
no rompemos, ¡arreglamos!

3
Cinco hermanitos
siempre juntitos
desde el más gordito
hasta el más chiquito.
Si están agachados
pueden atrapar
Y si van parados
van a saludar.

Mi amigo Martín Fierro

Martín Fierro por el querido Fontanarrosa

Imagine, compadre, mi sorpresa
ver que un gaucho como yo
que no comprende las letras
se ha vuelto, así, tan famoso
en mi tierra y en la ajena
tan solo por ir cantando
por el mundo su gran pena…

Figúrese que hace tiempo
que Martín Fierro es mi amigo
pues trabajábamos juntos
en unos campos vecinos
Nunca fui como el tal Cruz
(al que quiso más que al vino)
pero hemos sido compadres
y nos tomamos cariño… Sigue leyendo

Guerreros invisibles

La primera vez que lo vi, yo misma no lo podía creer. Era inadmisible, bochornosamente inaceptable, imposible e improbable que un chiquito común y corriente como Lucas Manuel se volviera de pronto, porque sí, en menos de un santiamén como diría mi abuela, en un ser diminuto, en una miniatura de hormiga. Sigue leyendo

La bella escultora

Natasha llegó al palacio en medio de una tormenta de nieve. Caminó unos pasos por el sendero principal pero el graznido de unos gansos la entretuvo:
─Buscan el calor de la cocina ─le explicó el ama de llaves, señalando el humo de la chimenea que daba a esa parte del jardín.
Hacía tanto frío que, aun dentro del palacio, Natasha se dejó el echarpe. Los doce sirvientes que allí estaban sólo pudieron ver sus enormes ojos, bellos y cristalinos, asomando por encima de aquel montón de lana. Sigue leyendo

Reina tras bambalinas

Jacinta la vio llegar secundada por quinientas carrozas. El sirviente abrió la portezuela del coche. Y el pequeño pie de Isabella asomó vestido en seda de Pekín. Un destello salió de la hebilla de zafiros y las dos suspiraron a un tiempo: una por lo incómodo de aquel zapato, la otra porque nunca había visto de cerca una piedra así. Sigue leyendo

Cenizas en el bosque

De todas las hadas del fuego, Melián había sido la única en inquietarse por el entusiasmo de Liwen, que siempre le insistía a su padre:
─¡Déjame encender la pira! ¿En qué puedo equivocarme? Sigue leyendo

Paseo por la Patagonia

(POEMA PARA SER CANTADO CON LA MÚSICA DE SEMINARE, DE SERÚ GIRÁN)

Quiero ver
y encontrar
ya que estoy en este lugar
maravilloso…
Más aquí, más allá
quiero ver algún animal
frente a mis ojos…
No una vaca, un caballo, no
Quiero algo mucho mejor:
quiero ver
y encontrar
todos esos animales
que no hay allá
Uh…En esa ciudad
donde vivo yo.

¿Cuándo se
va a cruzar
por la ruta y me va a mirar
fijo a los ojos…?
Más aquí, más allá
algún ciervo voy a encontrar
y sacar fotos…
Un ñandú, una mara o más:
algún cóndor querrá volar
sobre mí
para mí
Y tal vez tenga la suerte
de encontrar
Uh…Un hada que esté
buscándome a mí.

Y tal vez tenga la suerte
de encontrar
Uh…Un hada que esté
buscándome a mí.

Renata y su sombra

─¿Regamos las plantas? ─le dice mamá,y Renata corre por su regadera.

Pero entonces nota que alguien va detrás: si ella corre, avanza. Si está quieta, espera.

“Una nueva amiga” piensa y vuelve atrás. Y la nueva amiga se vuelve con ella.

Estira la mano, la quiere tocar. Pero más se acerca, la otra más se aleja.

Con su regadera la quiere mojar. Renata se asusta: ¡tiene otra cabeza!

Corre apresurada sin mirar atrás, y con la manguera casi se tropieza.

─¡Ahora yo! ─ enseguida pide a su mamá. Riega las baldosas, riega las macetas.

Y la ve a su amiga justo por detrás ¡con una serpiente que se le atraviesa!

─¡Quiero entrar!—le dice pronto a su mamá. Y también le pide ya su mamadera.

Se queda dormida y empieza a soñar con la nueva amiga que se quedó afuera.

Coartada

Para que no se enteren de que me he marchado dejé a la vista el papel doblado en cuatro. Mabel querida, que verás los números malditos y el nombre de la que, imaginarás, congeló nuestro tálamo. «¿Aló?», dirá la secretaria del Coronel y el mundo se esfumará para ti. Dormirás a los niños y fingirás que esta noche trabajo en el Ministerio, sin escuchar a la prensa clandestina que ya hablará del secuestro de Evita.

Yo llegaré a Milán , ensimismado. Escucharé la misa in memoriam. Marcaré los números malditos: «Está hecho, Coronel».

Mabel querida, que no sospecharás que, viudo, atravesé los mares para arrancar un tumor de nuestra patria.